Salomón no piensa en sí mismo sino en el Pueblo y pide a Dios el don de la sabiduría para governarlo con justicia

Sistema de Información del Vaticano

REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz

Con lectura del Evangelio 5 minutos

Pídeme lo que quieras le dice Dios a Salomón, en la Biblia, en sueños. Y Salomón no piensa en sí mismo no pide riquezas u otras cosas para su gusto personal. Salomón piensa inmediatamente en el Pueblo, en la gente. Pero no piensa en el Pueblo como si fuera suyo, sino que es el Pueblo de Dios a quien él debe servir como rey de la mejor manera. Y le pide a Dios el don de la sabiduría para gobernar con sabiduría al Pueblo que Dios le ha encomendado.

Un hombre que no piensa en sí mismo ya es sabio, un padre, un hermano mayor, un buen jefe tiene que pensar en la gente, en los que están a su cargo. Y si es así, Dios nos ayudará siempre. El salmo canta: el Señor es mi herencia: yo he decidido cumplir tus palabras. Para mí vale más la ley de tus labios que todo el oro y la plata.

En estos diálogos, Dios va tomando importancia y las cosas valen a partir de la medida de Dios que es siempre lo más grande e importante. Se cuida al Pueblo, se trabaja por la gente donando la vida, pero porque esta gente es el Pueblo de Dios y porque Dios vale más que el oro y la plata. Dios es el mayor tesoro. Y en el Evangelio Jesús le da el nombre de “tesoro” al Reino de los Cielos. Un tesoro valioso, buscado, encontrado, disfrutado, vivido por hombres y mujeres sabios y llenos de alegría, como los que recogen los peces después del trabajo. 

 


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