Artículos por "Catequesis"

El sacramento del bautismo, desde el principio hasta hoy

Publicado en la edición impresa de El Observador del 12 de enero de 2020 No.1279
Pentecostés. Cincuenta días después de la resurección del Señor, es decir, el día de Pentecostés, el Espíritu Santo se derramó sobre los Apóstoles y ellos comenzaron a predicar abiertamente el Evangelio de Jesucristo y a bautizar, anunciando la necesidad de este sacramento para el perdón de los pecados.

O Iglesia de Salida O iglesia en Retirada.  “El liberalismo, con sus falsos dogmas de sus falsas libertades, es un protestantismo larvado y un catolicismo adulterado” Leonardo Castellani

Como formo parte de uno de los presbiterios más copiosos del mundo, el de Guadalajara, compuesto por 1500 eclesiásticos según las cuentas más recientes del Anuario Pontificio, luego de leer con atención el artículo de Luis Herrera «Iglesia católica en retirada de Jalisco», en el que con datos duros presenta la «dramática pérdida de legitimidad del discurso eclesiástico» y el acelerado proceso de secularización en una comarca de muy hondo arraigo católico, debido a dos factores:
el «avance progresivo de valores práctico-morales no religiosos entre la población, y la pérdida de consenso en torno a la autoridad de la Iglesia para imponer su visión en cuestiones de moralidad individual», he ponderado ese texto con otro también apenas publicado en Roma el 12 de diciembre, el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del 1º de enero de 2020, cuyo tema es «La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica».
En él, el Papa Francisco sostiene que las acciones pastorales de la Iglesia en el mundo no pueden ser las premisas de la teología del bienestar, o sea las de un protestantismo larvado y un catolicismo adulterado.
No usa las de su correligionario jesuita y paisano al que citó el epígrafe de esta columna, pero propone algo que mucho nos falta a los agentes de pastoral: «trabajo paciente basado en el poder de la palabra y la verdad», como medio para «despertar en las personas la capacidad de compasión y la solidaridad creativa» que hagan caer «las cadenas de la explotación y de la corrupción, que alimentan el odio y la violencia» en nuestros días.
Según las cuentas del Papa, «toda guerra se revela como un fratricidio que destruye el mismo proyecto de fraternidad, inscrito en la vocación de la familia humana», y «comienza por la intolerancia a la diversidad del otro», o sea, el «deseo de posesión y la voluntad de dominio», como vemos pasa cuando las relaciones se convierten en ambiciones hegemónicas, abusos de poder, miedo al otro y considerar la diferencia como un obstáculo.
A su juicio, la causa de tan perniciosos efectos es «la perversa dicotomía de querer defender y garantizar la estabilidad y la paz en base a una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza, que termina por envenenar las relaciones entre pueblos» hasta «impedir todo posible diálogo».
Eso nos pasó, comprobamos ahora los mexicanos, con dolor e impotencia, merced a gobiernos que no sólo sostuvieron figuras de la talla de un tal Genaro García Luna, sino que avalaron todo un sistema que hizo del miedo un baluarte y un pretexto para provocar una guerra que ahora parece no tener fin.
Si a los católicos de por acá –obispos, clero y fieles laicos– aún nos quedan arrestos para no seguir esquivando nuestra competencia como tales, ser sal de la tierra y luz del mundo, no nos queda más remedio que dedicarnos, como nos pide Francisco, a edificar «una ética global de solidaridad y cooperación al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana de hoy y de mañana».
Para alcanzarla, él mismo recuerda que la paz sólo se alcanza si es, en este orden, un «camino de escucha basado en la memoria, en la solidaridad y en la fraternidad», de modo que ni se repitan las tropelías del pasado y tengan las riendas del gobierno «artesanos de la paz abiertos al diálogo sin exclusión ni manipulación», orientados sólo por «la búsqueda incesante del bien común».

Publicado en la edición impresa de El Observador del 29 de diciembre de 2019 No.1277




1. Inscripción e Inicio de clases: se llenará una ficha de inscripción y la entregará a su catequista. Deberá entregar copia del acta de nacimiento y copia de la fe de bautismo, si no cuenta con ningun sacramento solo copia del acta de nacimiento, para segundo nivel copia de boleta de primer nivel, para confirmación copia del acta de Primera comunión; curir la cuota correspondiente que incluye: libro de catecismo, material diverso de catequesis, misal anual (a entregarse en diciembre), boleta de calificaciones, exámenes, ficha de asistencia a misa, playera de pascua y material para la pascua.

2. El catequizando deberá de asistir puntualmente a clases de catequesis el día y la hora que le sea señalado; deberá de traer cuaderno, biblia, lapiz, colores, libro de catequesis y el material previamente solicitado por su catequista.

3. la asistencia a la misa dominical tiene carácter obligatorio, tanto para el catequizando como para papás y padrinos por lo cual se le entregará una tarjeta de asistencia en la que se incluye fechas de misas dominicales, retiros convivencias, hora santa mensual, incluyendo las celebraciones de semana santa.

4. los papás y padrinos deberán asistir a todos las reuniones a las que sean citados previamente.

5. Papás, padrinos y catequizandos participarán en todoas las actividaes parroquiales, decanales o diocesanas a las que sean citados previamente.

6. la elección de los padrinos ha de hacerse con mucho cuidado, en lo posible no ser foráneos; no pueden ser padrinos parejas solamente casadas por el civil, divorciados vueltos a casar, parejas que vivan en amasiato concubinato o unión libre (Direcctorio para la pastoral de los sacramentos de la iniciación cristiana números 29 al 33), deberán entregar copia del acta de matrimonio por la Iglesia de los padrinos a mas tardar en ocrubre; si es Soltero copia de actas de bautismo, comunión y confirmación.

7. Las situaciones especiales hablar directamente con el párroco (Direcctorio para la pastoral de los sacramentos de la iniciación cristiana, números 52 - 53. 56. 62 - 63).

8. Toda inasistencia será solo justificada por el párroco.

Los horarios del catecismo en

Sede Parroquial son los siguientes
Primer nivel Viernes a las 16:00 Horas
Segundo Nivel Viernes 17:00
Confirmación Viernes 17:00
Catecumenos adultos Miercoles 17:00 Horas
Catecumenos adolescentes Viernes 16:00 horas

Capilla San Pedro (Col. La Mata) son los siguientes
Primer Nivel  Viernes 17:00 Horas
Segundo Nivel Viernes 15:00 Horas
Confirmación Viernes 17:00 Horas

De igualdades y diferencias: más mujeres ni-nis que hombres.
Por Leo García-Ayala 
No cabe duda que las mujeres van teniendo un papel cada vez más protagónico y decisivo en la sociedad contemporánea. A donde quiera que veamos las podemos encontrar: en los puestos dirigentes de las empresas, en la educación, en casi todas las profesiones y también en la Iglesia. Definitivamente es un avance.
Eso discutíamos en nuestro grupo juvenil. Revisamos cómo Jesús siempre les reconoce la dignidad a las mujeres, y vaya que en su tiempo ellas eran marginadas de manera habitual, sin posibilidades para superarse y con el estigma de ser personas de “segunda”. Jesús, pues, “empodera” a las mujeres, no para confrontarlas con el varón, sino para enseñarnos la igual dignidad que poseemos.
El reto, pues, hoy en día, para nosotros los cristianos y para toda la sociedad, es reconocer, valorar y promover la participación de las mujeres, no como una competencia con los hombres, sino como una saludable colaboración, con la finalidad de hacer de este mundo un lugar más justo y humano, partiendo de la inteligencia de que cada quien, hombre y mujer, desde sus diferencias, hace un aporte insustituible en la construcción del mundo mejor que queremos.
Cuentas pendientes
Pero, por desgracia, no todo marcha como quisiéramos en esto de la igualdad de oportunidades. Mucho se ha hablado acerca de los famosos “ni-nis”, estos jóvenes que, por diversas circunstancias, “ni trabajan ni estudian”, y que ya en el imaginario colectivo han pasado a ocupar un lugar deshonroso.
Resulta que en México hay poco más de 36 millones de jóvenes, entre los 12 y 29 años, y según la Encuesta Nacional de la Juventud 2010, una quinta parte de esos jóvenes, algo así como 7.8 millones, no estudian ni trabajan. Lo lamentable, de por sí ya lo es esa gran cantidad de jóvenes, es que de ese grupo, casi 6 millones son mujeres.
Los datos que ofrece esta encuesta del Instituto Mexicano de la Juventud, señala que muchas mujeres jóvenes en el país no tienen la misma oportunidad de ir a la escuela, y luego, al terminar, les cuesta más trabajo que a los hombres acceder a un empleo estable; de ahí que muchas son las que se dedican casi exclusivamente a las tareas domésticas.
La misma encuesta dice que las jóvenes que están más limitadas para superarse son las que viven en el ambiente rural y en las comunidades indígenas. Por eso, para ellas, el único camino viable para salir de esa situación es encontrar “un buen hombre” que las mantenga y las haga felices.
Ahora que recién hemos celebrando el Día Internacional de la Mujer, es una buena ocasión para reflexionar sobre esta situación que no puede seguir. Bien es cierto que los hombres y las mujeres somos diferentes, pero eso no nos hace ni mejores ni peores, no debe haber un sentido de superioridad ni de unos ni de otras. La justicia, en este caso, vendrá ofreciendo a todos y todas la igualdad de oportunidades para decidir qué vida queremos tener.
Una tarea pendiente que tenemos como familia humana y que, en gran medida, los jóvenes seremos las que tendremos que afrontarla y darle un nuevo rostro a esta situación.

Fiesta de Todos los Santos
Celebramos a las personas que han llegado al cielo, conocidas y desconocidas. 1 de noviembre.                                              Autor: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net


Este día se celebran a todos los millones de personas que han llegado al cielo, aunque sean desconocidos para nosotros. Santo es aquel que ha llegado al cielo, algunos han sido canonizados y son por esto propuestos por la Iglesia como ejemplos de vida cristiana.

Comunión de los santos

La comunión de los santos, significa que ellos participan activamente en la vida de la Iglesia, por el testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos y por su oración. Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. La intercesión de los santos significa que ellos, al estar íntimamente unidos con Cristo, pueden interceder por nosotros ante el Padre. Esto ayuda mucho a nuestra debilidad humana.

Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero.

Aunque todos los días deberíamos pedir la ayuda de los santos, es muy fácil que el ajetreo de la vida nos haga olvidarlos y perdamos la oportunidad de recibir todas las gracias que ellos pueden alcanzarnos. Por esto, la Iglesia ha querido que un día del año lo dediquemos especialmente a rezar a los santos para pedir su intercesión. Este día es el 1ro. de noviembre.

Este día es una oportunidad que la Iglesia nos da para recordar que Dios nos ha llamado a todos a la santidad. Que ser santo no es tener una aureola en la cabeza y hacer milagros, sino simplemente hacer las cosas ordinarias extraordinariamente bien, con amor y por amor a Dios. Que debemos luchar todos para conseguirla, estando conscientes de que se nos van a presentar algunos obstáculos como nuestra pasión dominante; el desánimo; el agobio del trabajo; el pesimismo; la rutina y las omisiones.
Se puede aprovechar esta celebración para hacer un plan para alcanzar la santidad y poner los medios para lograrlo:

¿Como alcanzar la santidad?

- Detectando el defecto dominante y planteando metas para combatirlo a corto y largo plazo.
- Orando humildemente, reconociendo que sin Dios no podemos hacer nada.
- Acercándonos a los sacramentos.

Un poco de historia

La primera noticia que se tiene del culto a los mártires es una carta que la comunidad de Esmirna escribió a la Iglesia de Filomelio, comunicándole la muerte de su santo obispo Policarpo, en el año156. Esta carta habla sobre Policarpo y de los mártires en general. Del contenido de este documento, se puede deducir que la comunidad cristiana veneraba a sus mártires, que celebraban su memoria el día del martirio con una celebración de la Eucaristía. Se reunían en el lugar donde estaban sus tumbas, haciendo patente la relación que existe entre el sacrificio de Cristo y el de los mártires

La veneración a los santos llevó a los cristianos a erigir sobre las tumbas de los mártires, grandes basílicas como la de San Pedro en la colina del Vaticano, la de San Pablo, la de San Lorenzo, la de San Sebastián, todos ellos en Roma.

Las historias de los mártires se escribieron en unos libros llamados Martirologios que sirvieron de base para redactar el Martirologio Romano, en el que se concentró toda la información de los santos oficialmente canonizados por la Iglesia.

Cuando cesaron las persecuciones, se unió a la memoria de los mártires el culto de otros cristianos que habían dado testimonio de Cristo con un amor admirable sin llegar al martirio, es decir, los santos confesores. En el año 258, San Cipriano, habla del asunto, narrando la historia de los santos que no habían alcanzado el martirio corporal, pero sí confesaron su fe ante los perseguidores y cumplieron condenas de cárcel por Cristo.

Más adelante, aumentaron el santoral con los mártires de corazón. Estas personas llevaban una vida virtuosa que daba testimonio de su amor a Cristo. Entre estos, están san Antonio (356) en Egipto y san Hilarión (371) en Palestina. Tiempo después, se incluyó en la santidad a las mujeres consagradas a Cristo.

Antes del siglo X, el obispo local era quien determinaba la autenticidad del santo y su culto público. Luego se hizo necesaria la intervención de los Sumos Pontífices, quienes fueron estableciendo una serie de reglas precisas para poder llevar a cabo un proceso de canonización, con el propósito de evitar errores y exageraciones.

El Concilio Vaticano II reestructuró el calendario del santoral:

Se disminuyeron las fiestas de devoción pues se sometieron a revisión crítica las noticias hagiográficas (se eliminaron algunos santos no porque no fueran santos sino por la carencia de datos históricos seguros); se seleccionaron los santos de mayor importancia (no por su grado de santidad, sino por el modelo de santidad que representan: sacerdotes, casados, obispos, profesionistas, etc.); se recuperó la fecha adecuada de las fiestas (esta es el día de su nacimiento al Cielo, es decir, al morir); se dio al calendario un carácter más universal (santos de todos los continentes y no sólo de algunos).

Categorías de culto católico

Los católicos distinguimos tres categorías de culto:
- Latría o Adoración: Latría viene del griego latreia, que quiere decir servicio a un amo, al señor soberano. El culto de adoración es el culto interno y externo que se rinde sólo a Dios.

- Dulía o Veneración: Dulía viene del griego doulos que quiere decir servidor, servidumbre. La veneración se tributa a los siervos de Dios, los ángeles y los bienaventurados, por razón de la gracia eminente que han recibido de Dios. Este es el culto que se tributa a los santos. Nos encomendamos a ellos porque creemos en la comunión y en la intercesión de los santos, pero jamás los adoramos como a Dios. Tratamos sus imágenes con respeto, al igual que lo haríamos con la fotografía de un ser querido. No veneramos a la imagen, sino a lo que representa.

- Hiperdulía o Veneración especial: Este culto lo reservamos para la Virgen María por ser superior respecto a los santos. Con esto, reconocemos su dignidad como Madre de Dios e intercesora nuestra. Manifestamos esta veneración con la oración e imitando sus virtudes, pero no con la adoración.



CURSO DECANAL DE CATEQUESIS DECANATO DE TUXPAN.

El decanato de Tuxpan, realiza como cada año su curso de catequesis del día 14 al 18 de julio en las instalaciones de la Escuela Albatros. Participan todas las parroquias del decanato. Tanto en impartir las clases, sacerdotes y laicos comprometidos.

Este año participaron unos 130 alumnos, en los 6 niveles. 5 son de formación básica y el sexto es de actualización.  Se empieza a las 9am y se termina a las 5pm. con descansos de 10 minutos en cada clase y un  descanso largo , a la hora de comer.

Gracias a todos los que colaboran y más a los que asisten a su formación.




































5:41 a.m.


PRÓLOGO

"PADRE, esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo" (Jn 17,3). "Dios, nuestro Salvador... quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1Tm 2,3-4). "No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" (Hch 4,12), sino el nombre de Jesús.


I. La vida del hombre: conocer y amar a Dios

1  Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada. Por eso, en todo tiempo y en todo lugar, se hace cercano del hombre: le llama y le ayuda a buscarle, a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas. Convoca a todos los hombres, que el pecado dispersó, a la unidad de su familia, la Iglesia. Para lograrlo, llegada la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo como Redentor y Salvador. En Él y por Él, llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, sus hijos de adopción, y por tanto los herederos de su vida bienaventurada.

2  Para que esta llamada resonara en toda la tierra, Cristo envió a los apóstoles que había escogido, dándoles el mandato de anunciar el Evangelio: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,19-20). Fortalecidos con esta misión, los apóstoles "salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban" (Mc 16,20).

3  Quienes con la ayuda de Dios, han acogido el llamamiento de Cristo y han respondido libremente a ella, se sienten por su parte urgidos por el amor de Cristo a anunciar por todas partes en el mundo la Buena Nueva. Este tesoro recibido de los Apóstoles ha sido guardado fielmente por sus sucesores. Todos los fieles de Cristo son llamados a transmitirlo de generación en generación, anunciando la fe, viviéndola en la comunión fraterna y celebrándola en la liturgia y en la oración (cf. Hch 2,42).

II. Transmitir la fe: la catequesis

4  Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados en la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios a fin de que,creyendo ésto, tengan la vida en su nombre, y para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo (cf. Juan Pablo II, Catechesi tradendae [CT] 1).

5  "La catequesis es una educación en la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana" (CT 18).

6  Sin confundirse con ellos, la catequesis se articula dentro de un cierto número de elementos de la misión pastoral de la Iglesia, que tienen un aspecto catequético, que preparan para la catequesis o que derivan de ella, como son: primer anuncio del Evangelio o predicación misionera para suscitar la fe; búsqueda de razones para creer; experiencia de vida cristiana: celebración de los sacramentos; integración en la comunidad eclesial; testimonio apostólico y misionero (cf. CT 18).

7  "La catequesis está unida íntimamente a toda la vida de la Iglesia. No sólo la extensión geográfica y el aumento numérico de la Iglesia, sino también y, más aún, su crecimiento interior, su correspondencia con el designio de Dios dependen esencialmente de ella" (CT 13).

8  Los períodos de renovación de la Iglesia son también tiempos en los que a la catequesis le corresponde un mayor empeño. Así, en la gran época de los Padres de la Iglesia, vemos a santos obispos consagrar una parte importante de su ministerio a la catequesis. Es la época de san Cirilo de Jerusalén y de san Juan Crisóstomo, de san Ambrosio y de san Agustín, y de muchos otros Padres cuyas obras catequéticas siguen siendo modelos.

9  El ministerio de la catequesis saca energías siempre nuevas de los concilios. El Concilio de Trento constituye a este respecto un ejemplo digno de ser destacado: dio a la catequesis una prioridad en sus constituciones y sus decretos; de él nació el Catecismo Romano que lleva también su nombre y que constituye una obra de primer orden como resumen de la doctrina cristiana; este Concilio suscitó en la Iglesia una organización notable de la catequesis; promovió, gracias a santos obispos y teólogos como san Pedro Canisio, san Carlos Borromeo, san Toribio de Mogrovejo, san Roberto Belarmino, la publicación de numerosos catecismos.

10  No es extraño, por ello, que, en el dinamismo del Concilio Vaticano II (que el Papa Pablo VI consideraba como el gran catecismo de los tiempos modernos), la catequesis de la Iglesia haya atraído de nuevo la atención. El Directorio general de la catequesis de 1971, las sesiones del Sínodo de los Obispos consagradas a la evangelización (1974) y a la catequesis (1977), las exhortaciones apostólicas correspondientes, Evangelii nuntiandi (1975) y Catechesi tradendae (1979), dan testimonio de ello. La sesión extraordinaria del Sínodo de los Obispos de 1985 pidió "que sea redactado un catecismo o compendio de toda la doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral" (Relación final II, B, a, 4). El Santo Padre, Juan Pablo II, hizo suyo este deseo emitido por el Sínodo de los Obispos reconociendo que "responde totalmente a una verdadera necesidad de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares" (Discurso de clausura del Sínodo, asamblea extraordinaria, 7 de diciembre de 1985). El Papa dispuso todo lo necesario para que se realizara la petición de los padres sinodales.

III. Fin y destinatarios de este Catecismo

11 Este catecismo tiene por fin presentar una exposición orgánica y sintética de los contenidos esenciales y fundamentales de la doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral, a la luz del Concilio Vaticano II y del conjunto de la Tradición de la Iglesia. Sus fuentes principales son la sagrada Escritura, los santos Padres, la Liturgia y el Magisterio de la Iglesia. Está destinado a servir "como un punto de referencia para los catecismos o compendios que sean compuestos en los diversos países" (Sínodo de los Obispos 1985, Relación final II, B, a, 4).

12 El presente catecismo está destinado principalmente a los responsables de la catequesis: en primer lugar a los Obispos, en cuanto doctores de la fe y pastores de la Iglesia. Les es ofrecido como instrumento para la realización de su tarea de enseñar al Pueblo de Dios. A través de los Obispos, se dirige a los redactores de catecismos, a los sacerdotes y a los catequistas. Será también de útil lectura para todos los demás fieles cristianos.

IV. La estructura del "Catecismo de la Iglesia Católica"

13 El plan de este catecismo se inspira en la gran tradición de los catecismos, los cuales articulan la catequesis en torno a cuatro "pilares": la profesión de la fe bautismal (el Símbolo), los sacramentos de la fe, la vida de fe (los Mandamientos), la oración del creyente (el Padre Nuestro).

Primera parte: la profesión de la fe

14 Los que por la fe y el Bautismo pertenecen a Cristo deben confesar su fe bautismal delante de los hombres (cf. Mt 10,32; Rom 10,9). Para esto, el catecismo expone en primer lugar en qué consiste la Revelación por la que Dios se dirige y se da al hombre, y la fe, por la cual el hombre responde a Dios (primera sección). El Símbolo de la fe resume los dones que Dios hace al hombre como Autor de todo bien, como Redentor, como Santificador y los articula en torno a los "tres capítulos" de nuestro Bautismo —la fe en un solo Dios: el Padre Todopoderoso, el Creador; y Jesucristo, su Hijo, nuestro Señor y Salvador; y el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia (segunda sección).

Segunda parte: Los sacramentos de la fe

15 La segunda parte del catecismo expone cómo la salvación de Dios, realizada una vez por todas por Cristo Jesús y por el Espíritu Santo, se hace presente en las acciones sagradas de la liturgia de la Iglesia (primera sección), particularmente en los siete sacramentos (segunda sección).

Tercera parte: La vida de fe

16 La tercera parte del catecismo presenta el fin último del hombre, creado a imagen de Dios: la bienaventuranza, y los caminos para llegar a ella: mediante un obrar recto y libre, con la ayuda de la ley y de la gracia de Dios (primera sección); mediante un obrar que realiza el doble mandamiento de la caridad, desarrollado en los diez mandamientos de Dios (segunda sección).

Cuarta parte: La oración en la vida de la fe

17 La última parte del catecismo trata del sentido y la importancia de la oración en la vida de los creyentes (primera sección). Se cierra con un breve comentario de las siete peticiones de la oración del Señor (segunda sección). En ellas, en efecto, encontramos la suma de los bienes que debemos esperar y que nuestro Padre celestial quiere concedernos.

V. Indicaciones prácticas para el uso de este Catecismo

18 Este catecismo está concebido como una exposición orgánica de toda la fe católica. Es preciso, por tanto, leerlo como una unidad. Por ello, en los márgenes del texto se remite al lector frecuentemente a otros lugares (señalados por números más pequeños y que se refieren a su vez a otros párrafos que tratan del mismo tema) y, con ayuda del índice analítico al final del volumen, se permite ver cada tema en su vinculación con el conjunto de la fe.

19 Con frecuencia, los textos de la sagrada Escritura no son citados literalmente, sino indicando sólo la referencia (mediante cf.). Para una inteligencia más profunda de esos pasajes, es preciso recurrir a los textos mismos. Estas referencias bíblicas son un instrumento de trabajo para la catequesis.

20 Cuando, en ciertos pasajes, se emplea letra pequeña, con ello se indica que se trata de puntualizaciones de tipo histórico, apologético o de exposiciones doctrinales complementarias.

21 Las citas, en letra pequeña, de fuentes patrísticas, litúrgicas, magisteriales o hagiográficas tienen como fin enriquecer la exposición doctrinal. Con frecuencia estos textos han sido escogidos con miras a un uso directamente catequético.

22 Al final de cada unidad temática, una serie de textos breves resumen en fórmulas condensadas lo esencial de la enseñanza. Estos "resúmenes" tienen como finalidad ofrecer sugerencias para fórmulas sintéticas y memorizables en la catequesis de cada lugar.

VI. Las necesarias adaptaciones

23 El acento de este catecismo se pone en la exposición doctrinal. Quiere, en efecto, ayudar a profundizar el conocimiento de la fe. Por lo mismo está orientado a la maduración de esta fe, su enraizamiento en la vida y su irradiación en el testimonio (cf. CT 20-22; 25).

24 Por su misma finalidad, este catecismo no se propone da una respuesta adaptada, tanto en el contenido cuanto en el método a las exigencias que dimanan de las diferentes culturas, de edades, de la vida espiritual, de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la catequesis. Estas indispensables adaptaciones corresponden a catecismos propios de cada lugar, y más aún a aquellos que toman a su cargo instruir a los fieles:

"El que enseña debe hacerse todo a todos, para ganarlos a todos para Jesucristo [...]¡Sobre todo que no se imagine que le ha sido confiada una sola clase de almas, y que, por consiguiente, le es lícito enseñar y formar igualmente a todos los fieles en la verdadera piedad, con un único método y siempre el mismo! Que sepa bien que unos son, en Jesucristo, como niños recién nacidos, otros como adolescentes, otros finalmente como poseedores ya de todas sus fuerzas [...] es necesario tener en cuenta cuidadosamente quiénes pueden necesitar leche y quiénes otro alimento más sólido [...]. El Apóstol [...] señaló que había que considerar que los que son llamados al ministerio de la predicación deben, al transmitir la enseñanza del misterio de la fe y de las reglas de las costumbres, acomodar sus palabras al espíritu y a la inteligencia de sus oyentes" (Catecismo Romano, Prefacio, 11).

Por encima de todo, la Caridad.

25 Para concluir esta presentación es oportuno recordar el principio pastoral que enuncia el Catecismo Romano:

"El camino mejor es que el Apóstol [...] mostró: Toda la finalidad de la doctrina y de la enseñanza debe ser puesta en el amor que no acaba. Porque se puede muy bien exponer lo que es preciso creer, esperar o hacer; pero sobre todo debe resaltarse que el amor de Nuestro Señor siempre prevalece, a fin de que cada uno comprenda que todo acto de virtud perfectamente cristiano no tiene otro origen que el amor, ni otro término que el amor (Catecismo Romano, Prefacio, 10).

Parroquia Maria Auxiliadora Tuxpan

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