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El peregrino es el nombre que Ignacio de Loyola se da en la autobiografía

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REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz

Estamos ya en la novena del patrono de esa oración larga y profunda que se llaman los Ejercicios Espirituales. Y el apodo de peregrino ya nos da una imagen suya, que tiene que tiene mucho que ver con lo que muchos siglos después nos pide el Papa jesuita.

Se trata de un peregrino de Dios, de un peregrino que busca a Dios en Evangelio y en la vida de los santos, en los santuarios, en los reliquias de la religiosidad y piedad popular; recorriendo como peregrino los lugares de “Tierra Santa”, meditando y contemplando; tratando de recordar para poder contemplar mejor el Evangelio de Cristo que es donde se encuentra con Jesús. Porque después cuando escribe los Ejercicios, el grueso del librito espiritual es el Evangelio, como contenido. Lo demás son indicaciones y anotaciones que ayudan a hacer mejor los Ejercicios.

Papa Francisco nos invita a salir, a no quedarnos apoltronados en la comodidad. Ignacio de Loyola sale de su casa familiar todavía convaleciente de una herida de muerte en una batalla de Pamplona en 1521. Y como una protección para la pierna herida solo en ese pie lleva una alpargata.

La enfermedad, la convalecencia, las limitaciones físicas o de otro tipo, no afectaron a tantos hombres y mujeres que han salido a buscar al que ya nos busca y lo han encontrado en el hermano que sufre. @jesuitaGuillo

 


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