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Compartimos algunos momentos con el Papa Francisco

(RV).- El Papa invitó a meditar, en especial en nuestros días, las páginas finales de la Sagrada Escritura, que nos muestran el horizonte último del camino del creyente: la Jerusalén celeste, la inmensa morada, donde Dios acogerá a todos los hombres, con su ternura infinita, enjugando toda lágrima:

«Ante las noticias tristes que recibimos a diario, con el riesgo de que nos acostumbremos al dolor, se refirió en especial a las de Barcelona y del Congo, así como de tantos otros lugares»:

«Intenten meditar este pasaje de la Sagrada Escritura, no de forma abstracta, sino después de haber leído una crónica de nuestros días, después de haber visto el telediario o las portadas de los diarios, donde hay tantas tragedias, donde se dan noticias tristes a las que corremos el riesgo de acostumbrarnos. ¡He saludado a algunos de Barcelona: cuántas noticias tristes de allí! He saludado a algunos del Congo y ¡cuántas noticias tristes de allí. ¡Y cuántas otras más!…

Piensen en el rostro de los niños asustados por la guerra, en el llanto de las madres, en los sueños quebrantados de tantos jóvenes, en los refugiados que afrontan viajes terribles,  exhortó el Obispo de Roma, recordando sin embargo ante todo ello, «la gran visión de la esperanza cristiana, que se dilata sobre todos los días de nuestra existencia y nos quiere levantar»

En su audiencia general de esta semana, cuyo tema fue «La novedad de la esperanza cristiana», reflexionando sobre el texto bíblico, del Apocalipsis, «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5) el Santo Padre hizo hincapié en que la «esperanza cristiana se basa en la fe en Dios, que siempre crea novedades en la vida del hombre, en la historia y en el cosmos. Novedades y sorpresas».

«Jesucristo que es la gracia más grande de la vida: es el abrazo de Dios, que nos espera al final, pero que ya desde ahora nos acompaña y consuela. Nos conduce a la gran morada de Dios, con los hombres, con tantos hermanos y hermanas»

«Ser cristianos implica una perspectiva nueva: una mirada llena de esperanza», reiteró el Papa Francisco y señaló que «los cristianos creemos que en el horizonte del hombre hay un sol que ilumina para siempre. Creemos que nuestros días más bellos están aún por llegar. Somos gente de primavera, más que de otoño: vemos los retoños nuevos, más que las hojas amarillas en las ramas. No nos acunamos en nostalgias, en lamentos: sabemos que Dios nos quiere herederos de una promesa e infatigables cultivadores de sueños».

«La creación no terminó el sexto día, sino que prosigue infatigablemente, porque Dios siempre se ha preocupado por nosotros. Hasta el día en que todo se cumpla, en la mañana en que se extinguirán las lágrimas, en el mismo instante en el que Dios pronunciará su última bendición: Yo, dice el Señor, hago nuevas todas las cosas. Sí, nuestro Padre es el Dios de las novedades y el Dios de las sorpresas. Y ese día seremos verdaderamente felices y ¿lloraremos? Sí, pero lloraremos de alegría».

También en la cita mariana dominical para el rezo del Ángelus, el Obispo de Roma destacó su profundo dolor por los atentados terroristas, perpetrados en Burkina Faso, en España y en Finlandia, que causaron numerosas víctimas:

«Oremos por todos los que han muerto, por los heridos y por sus familiares. Y supliquemos al Señor, Dios de misericordia y de paz, que libere al mundo de esta inhumana violencia».

Con el Evangelio del XX Domingo del Tiempo Ordinario, el Papa Francisco exhortó a la oración con perseverancia y valentía. A ser como la mujer cananea, que superando todo obstáculo, no se desalienta, ante la aparente distancia de Jesús, e implora al Señor que salve a su hija:

Nosotros debemos seguir gritando como esta mujer: ¡Señor, ayúdame!», alentó el Papa, invitando a invocar a la Virgen María, para que nos haga cada vez más conscientes de la necesidad que tenemos del Señor y de su Espíritu; que nos obtenga una fe fuerte, llena de amor, y un amor que sabe hacerse súplica, súplica valiente a Dios».

(CdM – RV) 


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