
(RV).- En los tradicionales saludos que siguieron a su catequesis, el Papa invitó a los peregrinos de lengua francesa a estar llenos de esperanza en el camino cuaresmal “ciertos de que a través de nuestros fracasos – dijo – el amor de Dios es más fuerte y nos dona la ocasión de renovar nuestro corazón para estar a su servicio y al de nuestros hermanos”.
A los peregrinos de lengua inglesa deseó que la Cuaresma sea “un tiempo de gracia y de renovación espiritual” e invocó sobre todos ellos la alegría y la paz del Señor Jesús.
A los peregrinos provenientes de los países de lengua alemana y de los Países Bajos, el Papa instó a que “plasmados por la gracia del Señor” puedan “volver en los hermanos el amor que Dios dona cada día”. Mientras que para los peregrinos de lengua portuguesa pidió “que el Espíritu Santo ilumine las decisiones de su vida, para que cumplan fielmente la voluntad del Padre”.
“Más grave del odio es el amor vivido con hipocresía; es egoísmo disfrazado y travestido de amor”. Fue el mensaje dirigido a los peregrinos de lengua árabe, en particular a aquellos provenientes de Siria, Líbano y Oriente Medio el Papa, a quienes el pontífice recordó que el amor verdadero, como enseña san Pablo, “es paciente, es servicial; no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad”. El amor “todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta”.
El Santo Padre invitó a los peregrinos polacos a que vayan al encuentro de los hermanos, en particular de aquellos que necesitan del amor y de sostén concreto, para que el testimonio los ayude a “volverse amigos de Dios que perdona”.
Al saludar a los peregrinos de lengua italiana el Papa demostró su alegría al recibir a los participantes en el Congreso promovido por el Movimiento de los Focolares en ocasión del 50 aniversario de fundación. A ellos los animó a dar testimonio de la belleza de las nuevas familias, guiados por la paz y por el amor de Cristo.
Y para los jóvenes, los enfermos y los recién casados el pontífice deseó que este tiempo cuaresmal favorezca el acercamiento a Dios, indicando para los primeros el “ayuno de las malas costumbres” para “adquirir mayor dominio sobre sí mismos”. La oración como el medio para sentir cerca a Dios en el sufrimiento, a los enfermos, y el ejercicio de las obras de caridad a los recién casados para “vivir la propia existencia conyugal abriéndola a las necesidades de los hermanos”.
(Griselda Mutual – Radio Vaticano)


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