Yihadistas mataron al P. Ganni por negarse a cerrar su iglesia, afirma su postulador

Sistema de Información del Vaticano

VATICANO, 28 Oct. 19 (ACI Prensa).-

El proceso de reconocimiento del martirio y beatificación del sacerdote caldeo iraquí, P. Ragheed Ganni, continúa avanzando, según explicó el postulador de su causa, el P. Luis Escalante.

En declaraciones a ACI Prensa, señaló que el proceso ha entrado en su fase romana, y explicó que el pasado 1 de octubre, se procedió a abrir su tumba, en la localidad iraquí de Karamles, para proceder al reconocimiento de los restos mortales del sacerdote.

Según una nota de prensa emitida por la Eparquía de Santo Tomás Apóstol de Detroit de los Caldeos, donde se ha reunido toda la documentación, el cuerpo se encontraba en buen estado y no ha sido profanado por los terroristas de Estado Islámico, quienes ocuparon la localidad durante varios años.

El asesinato del P. Ragheed tuvo lugar en 2007 junto a la parroquia del Espíritu Santo de Mosul, en Irak. El sacerdote acababa de celebrar Misa y salía de la iglesia acompañado por los subdiáconos Wahid, Basman y Gasasn cuando terroristas pertenecientes al grupo Ansar al Sunna, posteriormente absorbido por Estado Islámico, los abordaron en la calle y los mataron a tiros.

El suceso tuvo lugar en el contexto de la invasión estadounidense de Irak y el colapso del régimen de Sadam Husein.

El P. Ragheed era un párroco joven, se había formado en Roma, donde se licenció en Ecumenismo, y había regresado a su país para servir pastoralmente a su comunidad. En Irak se encontró con una situación de progresiva islamización de la sociedad y de una creciente intolerancia hacia las minorías religiosas.

Las amenazas contra él y contra la comunidad cristiana de Mosul eran constantes. Los atentados y ataques a pequeña escala contra los cristianos comenzaron a incrementarse. Por lo tanto, “él sabía que la situación era difícil. Había amenazas y atentados contra su iglesia”.

También los tres subdiáconos sabían que su vida corría peligro. Tanto ellos como el P. Ragheed podrían haberse marchado y trasladarse a un lugar más seguro, pero “saben que tienen que dar un testimonio cristiano y se quedan”. De forma particular, “el P. Ragheed podría haberse ausentado, pero no quiere dejar su parroquia”.

Ese día, el 3 de junio de 2007, el P. Ragheed, al terminar la Misa, se traslada junto con los subdiáconos a su residencia en dos vehículos. En un momento dado, otro vehículo les corta el paso, “los hacen bajar y un grupo de hombres, cuatro o cinco encapuchados, les echan en cara que por qué mantenían la iglesia abierta. El P. Ragheed responde: ‘Yo no puedo cerrar las puertas de la Casa de Dios’”.

El P. Escalante subrayó que los hechos fueron confirmados por numerosos testigos. “Hemos terminado ya de recoger todas las pruebas de los testigos, tenemos una testigo principal, que es la esposa de uno de los subdiáconos, Wahid, la cual es refugiada en Australia, y es la única testigo ocular que acompaña y presencia cómo los asesinan”.

Tras la detención, los terroristas matan al P. Ragheed y a los subdiáconos. Uno “corre y lo matan en mitad de la calle. El subdiácono Wahid trata de proteger a su esposa y le disparan. Los dos caen y los terroristas presumen que también la mujer está muerta, pero la mujer sobrevive”.

Los terroristas están plenamente identificados, ya que el P. Ragheed les había preguntado quiénes eran y los terroristas contestaron: “Nosotros somos Ansar al Sunna”, un grupo anterior a Estado Islámico que después quedó integrado en su estructura.

Los mártires “mueren todos de bala. Tenemos los certificados de defunción donde queda claro que han muerto acribillados a balazos. Los cuerpos quedan allí. La esposa de Wahid se despierta luego de unos minutos, no sabe realmente cuánto tiempo pasó, bañada en la sangre de su marido, toda confusa. Un musulmán, que se apiada de ella, la lleva hasta la iglesia con una moto y desde allí se informa a la gente de la comunidad y acuden al lugar”.

“Tenemos un testigo, que es el primer cristiano que llega, que explica que cuando llegó los cuerpos seguían allí, nadie los asistía, porque nadie quería tocar los cuerpos. Visto que pasaban las horas, decidieron llevar los cuerpos a la parroquia. Limpian los cadáveres y después llega la ambulancia que los traslada para la autopsia”.

Al día siguiente se celebró el funeral y el entierro en la iglesia de San Addai, en la aldea cristiana de Karemlash, que posteriormente sería conquistada y destruida por el Estado Islámico.

Estado actual del proceso

El proceso de reconocimiento del martirio ha sido complejo desde el comienzo. La destrucción del Estado iraquí en los meses posteriores a la invasión estadounidense, la invasión del Estado Islámico en el norte de Irak a partir del verano de 2014 y la proclamación del llamado califato, dificultaron la recopilación de datos.

Además, los terroristas del Estado Islámico procedieron a la destrucción de numerosa documentación e incluso de lugares de culto. Hubo varios intentos de profanar las tumbas del P. Ragheed y de los subdiáconos y, hasta la apertura de la tumba se desconocía el estado del cuerpo del sacerdote caldeo.

El P. Escalante explicó que “visto que Irak es inseguro y que las diócesis no tenían los medios para hacer la investigación, todos los obispos caldeos decidieron que el proceso debía hacerse en la ciudad de Detroit, en una Eparquía en Estados Unidos”.

“En los últimos años hemos juntado todos los materiales, declaraciones, y durante el mes de agosto hemos trabajado y se ha concluido con el Eparca de Detroit de los Caldeos. He traído yo el informe a Roma y está ya entregado a la Santa Sede. De manera que ahora está en la fase romana”, señaló.

“Durante la instrucción hemos podido tener más elementos, han declarado los testigos, padres, parientes, tenemos mucha documentación, muchas fotografías de ellos. Son historias muy simples de gente trabajadora, uno de los subdiáconos estudiaba arte, a otro le gustaba la mecánica. Pero los tres subdiáconos tienen la misma interesantísima reacción”.

“Todos saben que tienen que ir ese día. No sabían que iban a morir. Pero, como dicen los textos martiriales, inconscientemente Dios los llamaba a recibir esta corona del martirio, porque el mártir ama la vida. Ellos, amando la vida, aceptan este testimonio final”.

El P. Escalante explicó que a los primeros testigos del martirio, y a los investigadores posteriores, llamó la atención el hecho de que uno de los subdiáconos, Gassan, iba “ese día vestido de la mejor forma, con sus mejores ropas, y así fue asesinado. Tanto que llamó la atención de sus familiares por qué se había vestido así. Simplemente iba a Misa y esa fue su última Misa”.

La instrucción no es muy numerosa, “son unas 760 páginas de documentos y testimonios. Ahora, la primera cosa que se tiene que hacer es validar que todo se ha hecho de forma jurídicamente correcta. Luego de lo cual, yo tengo que empezar a preparar la positio, que es un libro con las partes esenciales de la documentación y los testimonios, para probar el martirio”.

“En este caso, el martirio es por odio a la fe. Está claro. Está claro no sólo por el concepto terrorista, sino porque hay una intención clara de exterminar a los cristianos. De hecho, tuvieron bastante éxito, porque esa misma noche del asesinato, la noche del funeral, ya algunas familias dejaron Mosul”.

“Mosul después fue ocupada por el así llamado califato, destruyeron todas las iglesias, destruyeron los cementerios, incluso donde están sepultados los subdiáconos, hemos ido y está totalmente destruido. Por fortuna las tumbas de los tres subdiáconos, más allá de romper las lápidas, los cuerpos, presumimos, que están intactos”.

Por ello, mostró su esperanza de que “estos mártires, sobre todo la figura del P. Ragheed, vaya corporizándose realmente como un testimonio sacerdotal estupendo. Ya hay mucha gente que le reza en muchas partes del mundo como un sacerdote inteligente, comunicador, que ama su tierra, que vuelve a su tierra y que da la vida por sus fieles, que nunca tiene miedo. Un sacerdote joven, que era muy simpático, que era muy querido y que sabía que su misión es precisamente la fe en su tierra”.

Por lo tanto, “ya existe una devoción hacia el P. Ragheed y los tres subdiáconos, pero sobre todo al P. Ragheed. Los 3 subdiáconos son compañeros de esta situación martirial”.

Siguientes pasos en el proceso

Una vez finalizada esta fase del proceso de reconocimiento del martirio, se abre una nueva en la que “hay que elaborar toda la documentación para preparar dos cosas. Primero, la demostración del martirio material, es decir, que fueron asesinados. Y tenemos todas las pruebas de la muerte violenta”.

Después, “es importante demostrar el martirio subjetivo. Es decir, cómo asumen las amenazas, el peligro, el riesgo. Después, hay que demostrar también quién es el perseguidor. En este caso, el grupo está claramente identificado, y tenemos muy buena bibliografía. Hemos consultado en la comisión histórica a personas que conocen mucho de estos grupos terroristas, los cuales han tenido como objetivo la destrucción de los cristianos y que los cristianos abandonasen su lugar donde habían vivido desde el siglo I, mucho antes de la llegada del islam”.

Situación actual en Irak

La situación actual en Irak, lamentó el P. Escalante, “es muy difícil porque, del millón y medio de cristianos que se calculaba que vivía en Irak a finales del siglo pasado e inicios de este, probablemente habrá hoy 300 mil o menos, aunque no hay cálculos seguros”.

“Todos estos o han muerto o han escapado y se han dispersado por todos sitios: Australia, Siria…, muchos son refugiados en Jordania, Turquía…, incluso en Siria. Ha habido países muy generosos, Suecia, Alemania, donde han podido ir”, explicó.

Sin embargo, “los líderes de las Iglesias cristianas piden el regreso. Es una muy difícil decisión porque la situación tras la liberación del Califato es que estos cristianos siguen psicológica-laboralmente atacados. De manera que ellos tratan de ayudarse entre ellos, reconstruir las parroquias y crear una red cristiana de ayuda”.

“Los alienta la fe, los alienta que son ciudadanos iraquíes y que tienen derecho a vivir en su país. El movimiento contra el cristianismo es muy claro. Pero los Obispos dan, y me han dado, tantas veces un testimonio de fe increíble. La misma ausencia de temor lo veo hoy en los rostros de muchos, y la reconstrucción de la parte de Mosul, los entornos de Mosul, Qaraqosh, y otros muchos pueblos y aldeas cristianas es un gran empeño. Hay muchos que ayudan, pero lo importante es que el terreno en Irak no es favorable en este momento”.

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