Proyecto global pastoral 31-33

Sistema de Información del Vaticano

 

+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo de San Cristóbal de Las Casas

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Estamos reunidos los obispos del país, en asamblea plenaria que hacemos dos veces al año, para avanzar en la elaboración de un Proyecto Global pastoral hacia el 2031-2033, inspirado en el Acontecimiento Guadalupano, pues en 2031 se cumplen 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en 1531, y en el Misterio de la Redención, pues en 2033 celebraremos los 2000 años de la muerte de Cristo, acontecida el año 33, según el calendario actual que seguimos. Nos hemos propuesto como lema: Mirar lejos, ocupándonos de nuestros desafíos actuales, inspirados en Jesucristo nuestro Redentor y en María de Guadalupe.

Este es un proyecto que lleva ya algún tiempo elaborándose, con consultas a muchas instancias, que ahora debe llegar a nuestras diócesis y provincias. El proyecto quiere ser una herramienta pastoral de largo alcance y pronta respuesta. Tenemos en cuenta la realidad actual, pero con las megatendencias que se vislumbran. Queremos articular mejor nuestro servicio episcopal, potenciando el diálogo al interior de la Iglesia y con el mundo. Estamos convocados a servir apasionadamente a nuestra Nación, con los dones recibidos desde nuestra experiencia del amor y la misericordia de Dios.

El Presidente de nuestra Conferencia, en su mensaje de apertura, nos dijo: “Tenemos que reconocer que estamos viviendo muchos desafíos a los que, con ojos y corazón de pastores, debemos dar respuesta”. Y enumeró algunos: “El crecimiento de la violencia en la geografía nacional (ejecuciones, secuestros, asaltos…); numerosos migrantes que sufren y son explotados; una situación económica precaria e inestable que empobrece más a nuestro pueblo; una sociedad cada vez más insatisfecha de sus dirigentes políticos. Particular importancia revisten los próximos procesos electorales que se celebrarán en nuestro país. Las cuantiosas sumas de dinero que se utilizan en las campañas, la alta dosis de promesas populares o populistas, las añejas prácticas de coacción a nuestro pueblo pobre y necesitado, nos deben llevar a pensar que lo más importante para nosotros como Iglesia es colaborar a que nuestra democracia opere, y no a que nuestra democracia sea un mero recurso cosmético para que quienes tienen más medios económicos alcancen el poder… Prescindiendo de quién gane o quién pierda, lo importante es el método que se siga; es decir, el conjunto de procedimientos para generar convicciones en el electorado”.

PENSAR

No faltará quien opine que esto es meterse en políticas que no nos tocan. Sin embargo, el Papa Francisco ha dicho: “No hay que mutilar la integralidad del mensaje del Evangelio. El Evangelio invita ante todo a responder al Dios amante que nos salva, reconociéndolo en los demás y saliendo de nosotros mismos para buscar el bien de todos. ¡Esa invitación en ninguna circunstancia se debe ensombrecer!“(EG 39).

“Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: «¡Denles ustedes de comer!» (Mc 6,37)” (EG 49).

“Aliento a todas las comunidades a una siempre vigilante capacidad de estudiar los signos de los tiempos. Es preciso esclarecer aquello que pueda ser un fruto del Reino y también aquello que atenta contra el proyecto de Dios” (EG 51).

ACTUAR

Pidamos la luz del Espíritu Santo, para que nuestra Iglesia colabore más eficazmente en la construcción de una sociedad justa y fraterna, y así nuestro pueblo tenga vida digna y plena. Y si alguien quiere aportar su sabiduría y su competencia, que se acerque a su parroquia y dé su palabra y su tiempo, pues esta misión es tarea de todo el Pueblo de Dios.

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