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(zenit – 29 junio 2020).- El Papa Francisco ha enviado un abrazo espiritual a su “hermano el patriarca Bartolomé”, lamentando la ausencia de sus hermanos del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla en la fiesta de san Pedro y san Pedro en Roma, por motivos de seguridad ante la pandemia del coronavirus.

Es tradición que una delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla participe el 29 de junio en la celebración de los santos patronos de Roma, Pedro y Pablo, mientras que una delegación del Papa va a Phanar, sede del patriarcado, en Estambul, para la celebración de su santo patrón, Andrés, hermano de Pedro, el 30 de noviembre.

“Hoy ellos no han podido venir, por la imposibilidad de viajar, por los motivos del coronavirus”, ha expresado el Pontífice en la homilía de la Misa celebrada en la basílica vaticana, “pero cuando yo he descendido a venerar las reliquias de Pedro, sentía en el corazón, acá, junto a mí, a mi amado hermano Bartolomé: ellos están con nosotros”.

Momentos más tarde de la Misa, durante el rezo del Ángelus, el Papa ha vuelto a expresar su cercanía con el patriarca Bartolomé I al dirigir unas palabras a los fieles desde la ventana del Palacio Apostólico: “Envío un abrazo espiritual a mi querido hermano el patriarca Bartolomé, con la esperanza de que puedan reanudar nuestras visitas mutuas lo antes posible”.

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(zenit – 29 junio 2020).- Al celebrar la solemnidad de San Pedro y San Pablo, este mediodía, en el rezo del Ángelus, el Papa Francisco ha recordado a los muchos mártires que fueron “decapitados, quemados vivos y asesinados”, especialmente en la época del emperador Nerón, en Roma.

Este lunes, 29 de junio de 2020, el Santo Padre ha rezado la oración mariana a las 12 horas desde la ventana del Palacio Apostólico, y ha saludado a los peregrinos y visitantes que lo escuchaban desde la plaza de San Pedro.

En la fiesta de los patronos de Roma, el Sucesor de Pedro ha expresado que “por su intercesión”, reza para que en la capital de Italia “cada persona pueda vivir con dignidad y encontrar el alegre testimonio del Evangelio” y ha enviado un abrazo espiritual a su querido hermano el patriarca Bartolomé, que este año no ha podido asistir a la celebración de la fiesta en Roma.

Así, el Pontífice ha felicitado la fiesta a los romanos y a todos los presentes y ha dirigido un salud a los peregrinos, algunos con banderas de Canadá, Venezuela, Colombia y otras… “Que su visita a las tumbas de los apóstoles fortalezca su fe y su testimonio”, les ha dicho.

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Palabras después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

En primer lugar saludo a todos los romanos y a todos los que viven en esta ciudad, en la fiesta de los santos patrones, los apóstoles Pedro y Pablo. Por su intercesión, rezo para que en Roma cada persona pueda vivir con dignidad y encontrar el alegre testimonio del Evangelio.

En este aniversario es tradición que una delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla venga a Roma, pero este año no fue posible debido a la pandemia. Por lo tanto, envío un abrazo espiritual a mi querido hermano el patriarca Bartolomé, con la esperanza de que puedan reanudar nuestras visitas mutuas lo antes posible.

Al celebrar la solemnidad de San Pedro y San Pablo, me gustaría recordar a los muchos mártires que fueron decapitados, quemados vivos y asesinados, especialmente en la época del emperador Nerón, en esta misma tierra en la que ahora se encuentran. Esta es una tierra manchada de sangre por nuestros hermanos cristianos. Mañana celebraremos su conmemoración. Les saludo, queridos peregrinos aquí presentes: veo banderas de Canadá, Venezuela, Colombia y otras… ¡Muchos saludos! Que su visita a las tumbas de los apóstoles fortalezca su fe y su testimonio.

Y les deseo a todos una feliz fiesta. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Que tengan un buen almuerzo, ¡adiós!

© Librería Editorial Vaticano

© Traducción de zenit/Rosa Die

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(zenit – 29 junio 2020).- Este lunes, en la sección “Teología para Millennials”, el padre Mario Arroyo Martínez Fabre recuerda la visita de san Josemaría Escrivá de Balaguer a México, en el marco del 50 aniversario del viaje, y la reciente celebración de la fiesta del santo, el pasado 27 de junio.

El sacerdote mexicano narra cómo san Josemaría realizó una novena de oración en la antigua Basílica de Guadalupe del 16 al 24 de mayo de 1970, de la que fueron testigos cinco personas, de las cuales solo una queda viva, y revela algunas de las intenciones por las que San Josemaría pidió expresamente aquellos días.

El presbítero es licenciado en Filosofía por la Universidad Panamericana, México D.F. Además, tiene un doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma. Actualmente vive en México y es profesor de Teología en la Universidad Panamericana.

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Hace 50 años estuvo en México uno de los santos más representativos del siglo XX, san Josemaría Escrivá. Fue como peregrino, atraído como tantos otros hombres de Dios, por la Virgen de Guadalupe. En efecto, no son pocos los santos que han ido a postrarse a los pies de la Guadalupana.

San Josemaría lo hizo, y a 50 años de distancia podemos tener una cierta perspectiva para valorar los frutos de su oración ante la Virgen. ¿Qué ha sido de las intenciones que bullían en su interior y que de cierta forma le obligaron a dejar Roma y cruzar por primera vez el Atlántico para orar frente a la Tilma de Juan Diego? Sabemos que Dios no es el genio de la lámpara, atento a cumplir nuestros deseos, y que para Él “mil años son como un día y un día como mil años”, pero también que siempre nos escucha, más si le hablamos a través de su Madre, como deja admirable testimonio el primero de sus milagros, en Caná de Galilea, según nos narra el evangelio. ¿Qué fue de esa oración? ¿Fue escuchada? ¿Tenemos alguna pista?

San Josemaría realizó una novena de oración en la antigua Basílica de Guadalupe del 16 al 24 de mayo de 1970. Testigo de esa novena fueron cinco personas, de las cuales solo una queda viva. Testigo privilegiado de aquella oración fue don Javier Echevarría, con el tiempo obispo prelado del Opus Dei, su segundo sucesor. A él personalmente le escuché alguna ocasión decir que fue una de las más, si no la más subida oración del santo. Él tuvo la clarividencia de transcribir la oración que San Josemaría iba haciendo en voz alta a la Virgen, intercalada entre los misterios del rosario que rezaban. Gracias a él sabemos algunas de las intenciones por las que San Josemaría pidió expresamente aquellos días.

A grandes rasgos, podrían resumirse en tres sus intenciones principales: la paz del mundo, la Iglesia, y la institución por él fundada, el Opus Dei. Eran años difíciles de la Guerra Fría, donde las potencias mundiales enseñaban los músculos, haciendo amago de usar su poderío nuclear, o exportando la revolución a los confines del planeta. Eran los años de plomo del postconcilio, caracterizados por una dolorosísima pérdida de vocaciones. Cerca de 17 mil sacerdotes colgaron la sotana y 25 mil religiosos abandonaron los hábitos; había una crisis práctica de desobediencia al Papa dentro de la Iglesia y un gran desorden moral. Parecían cerrados todos los caminos para alcanzar la estructura jurídica adecuada para el Opus Dei dentro de la Iglesia. Como se ve, no le faltaban temas para pedir humildemente a los pies de la Virgen.

En las transcripciones de su oración consta que pidió por la conversión de Rusia, por el fin del comunismo, por la libertad religiosa en los países del este de Europa. A 50 años de distancia vemos que eso es una realidad, y uno de los presentes en esa novena pudo rezar el rosario en la Plaza Roja de Moscú, ciudad donde ya hay casas del Opus Dei, así como en casi todos los países que estaban del otro lado del “Telón de Acero”. La dolorosa crisis postconciliar de la Iglesia llegó a su fin durante el pontificado de un Papa profundamente mariano, peregrino también de la Virgen de Guadalupe, San Juan Pablo II. El Opus Dei alcanzó su configuración jurídica definitiva en 1982, después de la muerte de su fundador. La tensión por la Guerra Fría se disipó con la caída del muro de Berlín y la “Revolución de Terciopelo”, entre 1989 y 1991. San Josemaría, a partir del cuarto día de su novena, dijo que la Virgen ya lo había escuchado, y comenzó a dar gracias.

¿Falta algo por cumplir? Sí. En el último día de su novena, al calor de los misterios del rosario, va haciendo una petición concreta por cada uno de los continentes. Al tocarle el turno a Asia pide muy especialmente por China y la libertad de practicar la fe en ese país. Aunque a partir de los años 80 del siglo XX -bajo el mandato de Deng Xiaoping- se suavizó un poco el férreo control del estado, últimamente con Xi Jinping se está recrudeciendo la persecución contra los cristianos en ese país. Es una asignatura que tiene todavía pendiente la Virgen. A 50 años todavía quedan temas para rezar y seguir pidiéndole a María.

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VATICANO, 29 Jun. 20 (ACI Prensa).-
La tradicional visita que desde el año 1969 realiza a Roma una delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla con motivo de la solemnidad de San Pedro y San Pablo, no ha podido realizarse en esta ocasión debido a las limitaciones de viajes impuestas en Europa por la pandemia de coronavirus.

Por ello, el Papa Francisco ha querido tener un gesto de cercanía y fraternidad ecuménica con el Patriara de Constantinopla, Bartolomé, y lo tuvo presente en la oración que realizó ante las reliquias de San Pedro antes de iniciar la Misa en la basílica vaticana este lunes 29 de junio con motivo de la solemnidad.

En la homilía, el Pontífice recordó que “hoy, además, siguiendo una hermosa tradición, nos unimos de manera especial al Patriarcado ecuménico de Constantinopla. Pedro y Andrés eran hermanos y nosotros, cuando es posible, intercambiamos visitas fraternas en los respectivos días festivos: no tanto por amabilidad, sino para caminar juntos hacia la meta que el Señor nos indica: la unidad plena”.

“Hoy ellos no han podido venir debido al coronavirus, pero cuando descendí a venerar los restos de Pedro sentí en el corazón, junto a mí, a mi amado hermano Bartolomé. Ellos están aquí, con nosotros”, afirmó el Santo Padre.

Asimismo, con motivo de la festividad de San Andrés, una delegación del Vaticano visita al Patriarca de Constantinopla en su sede de Estambul. El 29 de junio de 2019, durante la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, el Papa hizo entrega a la delegación de Bartolomé de una urna con algunas de las reliquias de San Pedro.

Por otro lado, en el rezo del Ángelus de este lunes, el Papa mandó “espiritualmente un abrazo al querido hermano, el Patriarca Bartolomé”, y mostró su esperanza “de que se puedan retomar lo antes posible nuestras recíprocas visitas”.

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(zenit – 29 junio 2020).- Quienes serían las columnas del edificio espiritual de la Iglesia, los santos Pedro y Pablo, son auténtico testimonio de una misión con la que se indentificaron, y a la que consagraron sus vidas hasta el martirio.

Testigos de vida entregados a una causa: el amor de Dios. Testigos de perdón reconciliados con el Amor cuando debieron volver a su Amor: San Pedro tras negar a Jesús antes de su patíbulo, san Pablo cuando se apercibió de la atrocidad de su pecado de odio y persecución de quienes se sentían hijos de Dios.

Ministerio petrino

San Pedro y san Pablo son fundadores de la Iglesia de Roma, y, en palabras del Papa Francisco, “son nuestros compañeros de viaje en la búsqueda de Dios, son nuestra guía en el camino de la fe y de la santidad; ellos nos empujan hacia Jesús, para hacer todo aquello que Él nos pide”.

¿Qué mejor definición de la misión del Sumo Pontífice, la que refleja un Pedro que profesa la Fe y un Pablo, apóstol de los gentiles, que asume gozoso el anuncio de la palabra de Dios a las gentes? Ello sumado a lo que referíamos acerca del testimonio de vida.

Benedicto XVI los proclamó “patronos principales de la Iglesia de Roma”, y subrayó que ambos concentran el mensaje del santo Evangelio.

El primer Papa de Roma sería san Pedro, en quien descansó el gobierno de la Iglesia por institución del mismo Jesús. Y tras él sería Sumo Pontífice quien designase el Espíritu Santo para desempeñar lo que ha venido significando el ministerio “petrino”, precisamente por haber sido el apóstol Pedro su iniciador.

29 de junio 

Esa función o ministerio petrino necesita unos colaboradores, para la eficacia del gobierno de la Iglesia. Máxime en una organización, la eclesial, de ámbito universal. Parte esencial de esa colaboración la prestan los arzobispos –obispos al frente de diócesis particularmente importantes–. Entre ellos hay algunos denominados “arzobispos metropolitanos” por estar al cargo de la provincia eclesiástica en la que se encuentran sus archidiócesis.

Pues bien, cada 29 de junio, por ser la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo, el Papa bendice los “palios” destinados a los arzobispos metropolitanos.

¿Qué es un palio arzobispal?

¿Qué es un palio arzobispal? Es un ornamento de lana blanca con forma de faja circular que carga sobre los hombros, de la cual penden ante el pecho y en la espalda dos tiras rectangulares con cruces negras o rojas de seda. Simboliza la potestad que tienen los arzobispos en su ámbito, y también el lazo de comunión con el Romano Pontífice.

Hasta san Juan Pablo II, tras bendecirlo, el Papa enviaba un palio a cada uno de los arzobispos metropolitanos nombrados en el año inmediato anterior, a quienes se les imponía en sus archidiócesis.

Con el papa polaco se inició un nuevo período, al invitar a los nuevos metropolitanos a concelebrar con él en la basílica de San Pedro, e imponerles el palio durante la Misa. Esta costumbre permaneció también durante el pontificado de Benedicto XVI y los dos primeros años del Papa Francisco.

Imposición de los palios

Desde 2015 los nuevos metropolitanos estarían en Roma, concelebrarían la Eucaristía con el Santo Padre, participarían en el rito de bendición de los palios, pero no habría imposición: simplemente recibirán el palio designado para ellos de parte del Santo Padre de forma más sencilla y privada –queriendo así significar su comunión jerárquica–.

La imposición, así, a fecha de hoy se efectúa en las respectivas archidiócesis por parte de los nuncios apostólicos –representantes de la Santa Sede en cada Estado–, para reforzar así la relación de los metropolitanos con su iglesia local y posibilitar a sus fieles participar en la ceremonia.

Alejandro Vázquez-Dodero

Doctor en Derecho Canónico

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VATICANO, 29 Jun. 20 (ACI Prensa).-
Al finalizar el rezo del Ángelus este 29 de junio, Solemnidad de San Pedro y San Pablo patronos de Roma, el Papa Francisco recordó a los santos protomártires de Roma, asesinados durante el imperio de Nerón.

“Celebrando la solemnidad de San Pedro y San Pablo quisiera recordar a tantos mártires que han sido decapitados, quemados vivos y asesinados, especialmente, en tiempo del emperador Nerón precisamente en esta tierra en la que se encuentran ahora. Esta tierra ensangrentada por nuestros hermanos cristianos”, indicó el Santo Padre quien añadió que “mañana celebraremos su conmemoración”.

Además, el Papa Francisco saludó a “todos los romanos y quienes viven en esta ciudad, en la fiesta de los santos Patronos, los Apóstoles Pedro y Pablo”.

En esta línea, invocó la intercesión de San Pedro y San Pablo y añadió: “rezo para que en Roma toda persona pueda vivir con dignidad y pueda encontrar el alegre testimonio del Evangelio”.

Protomártires de Roma

En la actualidad, la Iglesia conmemora cada 30 de junio el martirio de más de 900 cristianos que fueron asesinados en tiempos de Nerón.

Con el anuncio de la Buena Noticia de los Apóstoles, el número de fieles fue cada vez más en aumento. Sin embargo, el Senado romano rechazó esta nueva religión que era contraria a las tradiciones de Roma y la declaró ilícita hacia el año 35 d.C.

Más adelante, Nerón para librarse de la acusación de haber incendiado Roma, culpó a los cristianos, acusándolos de ser una religión maléfica que practicaba el canibalismo, al no entender el sentido de la Eucaristía, y difamándolos como incestuosos, por la costumbre que tenían de llamarse hermanos y darse el beso de la paz.

Así fue cómo se desencadenó una serie de persecuciones en la que miles de cristianos dieron su vida por proclamar y creer en el verdadero amor de Dios que Jesucristo enseñó.

“A estos hombres (Pedro y Pablo), maestros de una vida santa, vino a agregarse una gran multitud de elegidos que, habiendo sufrido muchos suplicios y tormentos también por emulación, se han convertido para nosotros en un magnífico ejemplo”, señalaba en una carta a los Corintios el Papa San Clemente I.

Parroquia Maria Auxiliadora Tuxpan

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