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AMÉRICA/NICARAGUA - Elevación a diócesis del vicariato apostólico de Bluefields, creación de la nueva diócesis de Siuna y nombramiento de los primeros obispos

viernes, 1 diciembre 2017

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – El Santo Padre Francisco, el 30 de noviembre de 2017, ha elevado a diócesis el Vicariato Apostólico de Bluefields (Nicaragua) y nombrado obispo de la misma a S.E. Mons. Pablo Schimitz Simon, O.F.M. Cap., hasta ahora vicario apostólico de dicha diócesis.
Al mismo tiempo, el Papa ha aprobado la creación de la nueva diócesis de Siuna y nombrado primer obispo de la neo-erigida circunscripción a S.E. Mons. David Albin Zywiec Sidor, O.F.M. Cap., hasta ahora auxiliar del vicariato apostólico de Bluefields.
La nueva diócesis de Bluefields permanece en la Región Sur, con 9 distritos civiles y será sufragánea de la Sede Metropolitana de Managua.
La recién establecida diócesis de Siuna (Siunaënsis) se encuentra en la región Norte, al menos al principio, con 11 distritos civiles. La sede será inicialmente la iglesia parroquial de Siuna. La nueva diócesis también será sufragánea de la archidiócesis de Managua. (SL) (Agencia Fides 01/12/2017)


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AMÉRICA/BRASIL - Un teólogo: “Un Año de los laicos para abrir nuevos caminos y prospectivas”

Vida Nueva

Laicos brasileños

Rio de Janeiro (Agencia Fides) -“Reconocer la importancia del laicado como elemento imprescindible para garantizar el futuro de la propia Iglesia Católica; comprender que son parte integrante del proceso eclesial; miembros efectivos de la Iglesia en virtud de su bautismo, y por lo tanto deben ser protagonistas”: con estas palabras Celso Arias, profesor y teólogo, además de miembro de la Comisión Episcopal Pastoral para el Laicado de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil,(CNBB), comenta a la Agencia Fides los objetivos que deben perseguirse durante el especial "Año de los Laicos" que la Iglesia de Brasil ha instituido para el 2018 (veáse Fides 11/11/2017 y 26/10/2017) y cuya apertura se ha celebrado este domingo 26 de noviembre.
“En una Iglesia donde impera el clericalismo, - continúa explicando Celso Carias en una nota recibida en la Agencia Fides, - el Año del Laicado puede abrir nuevas perspectivas y caminos, que reconozcan la importancia de todos, también de las mujeres, a las que a menudo se ha dado un papel de segunda categoría”, remarcando que muchas comunidades "estarían cerradas si no fuese porque hay mujeres dispuestas a sacarlas adelante”.
Después del Concilio Vaticano II, en Brasil y en el resto de América Latina, se trato de integrar al laicado en el proceso eclesial. Sin embargo, se termino cayendo en un periodo de centralización del poder clerical, de auto-referencia, que durante muchos años ha relegado a los laicos a un papel marginal en la misión de la iglesia.
Han pasado 30 años del Sínodo ordinario de los Obispos ordinario sobre la vocación y misión de los laicos y de la Exhortación apostólica postsinodal de Juan Pablo II “Christi fideles Laici”. En base a estas contribuciones y retomando además los documentos más recientes del Magisterio, sobre todo del Papa Francisco, en este año en Brasil se tratará de retomar la eclesiología del Vaticano II. Recordando que el Papa Francisco ha señalado innumerables veces que el sacramento principal y primero es el bautismo, el profesor Carias observa a Fides: “nadie nace obispo, sacerdote, sino que nacemos para la Iglesia por el bautismo. Por eso, recuperar esa teología es fundamental si queremos pensar en términos de futuro. Si pensamos en el mundo moderno, en los desafíos urbanos, en transmitir la experiencia de fe, todo ello sin el protagonismo de los laicos y laicas es una tarea imposible”, concluye.
En Brasil, en la iglesia post,conciliar florecieron varios movimientos eclesiales y nuevas comunidades, con la característica común de creer en el fuerte ímpetu misionero de los fieles laicos. Se estima que en Brasil hay alrededor de 800 nuevas comunidades, especialmente de tipo “carismático” (y el número va en aumento), que constituyen un lugar efectivo para que los laicos participen en el ministerio pastoral de la Iglesia.
Una delegación de laicos católicos brasileños, comprometidos con la política, participará en la conferencia que se inaugura hoy en Bogotá (en curso del 1 al 3 de diciembre), organizada por la Comisión Pontificia para América Latina (CAL) y por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), titulada “Encuentro de católicos con responsabilidades políticas al servicio de los pueblos latinoamericanos”.
Brasil es el país con el mayor número de habitantes en América Latina, 204,451,000 de los cuales 172,222,000 son católicos, agrupados en 275 distritos. (LG/LMM) (Agenzia Fides 01/12/2017)


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De Juan Carlos Velarde

Después de su llegada a Bangladés, el Papa Francisco ha presidido una Misa con ordenación de presbíteros en el Parque Shurawardy Udyan de Dhaka. Durante la celebración eucarística el Santo Padre dirigiéndose a los nuevos presbíteros reflexionó con ellos sobre el ministerio al que acceden en la Iglesia.

Partiendo de la misión propia del sacerdote les dijo que han de hacer “las veces de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, por quien la Iglesia, su Cuerpo, se edifica y crece como pueblo de Dios y templo santo”. Una vez ordenados sacerdotes les recordó el Papa “se convierten en verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento para anunciar el Evangelio, apacentar el pueblo de Dios y celebrar el culto divino, principalmente en el sacrificio del Señor”.

Destacando la misión concreta de los presbíteros hizo hincapié en la misión del mismo Cristo. En nombre de Cristo, el Maestro, les dijo “Transmitid a todos la Palabra de Dios que habéis recibido con alegría. Y al meditar en la ley del Señor, procurad creer lo que leéis, enseñar lo que creéis y practicar lo que enseñáis”. Recordando la misión sacerdotal de Cristo, les dijo: “Daos cuenta de lo que hacéis e imitad lo que conmemoráis, de tal manera que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, os esforcéis por hacer morir en vosotros el mal y procuréis caminar en una vida nueva”. Finalmente, haciendo mención a Cristo Pastor les recordó: “Al introducir a los hombres en el pueblo de Dios por el Bautismo, al perdonar los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia por el sacramento de la Penitencia, al dar a los enfermos el alivio del óleo santo, al celebrar los ritos sagrados, al ofrecer durante el día la alabanza, la acción de gracias y la súplica no sólo por el pueblo de Dios, sino por el mundo entero, recordad que habéis sido escogidos de entre los hombres y puestos al servicio de ellos en las cosas de Dios”.

Terminó el Papa su homilía recordándoles: “que al ejercer, en la parte que os corresponde, la función de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos al Obispo y bajo su dirección, esforzaos por reunir a los fieles en una sola familia…. Tened siempre presente el ejemplo del buen Pastor, que no vino para que le sirvieran, sino para servir, y para buscar y salvar lo que estaba perdido”.

Texto completo de la homilía del Papa

Santa Misa, Suhrawardy Udyan Park, Dhaka, Viernes, 1 de diciembre de 2017 [Homilía tomada del Ritual de Ordenación de Presbíteros]

Queridos hermanos:

Ahora que estos hijos nuestros van a ser ordenados presbíteros, conviene considerar con atención a qué ministerio acceden en la Iglesia.

Como sabéis, hermanos, el Señor Jesús es el gran Sacerdote del Nuevo Testamento; aunque, en verdad, todo el pueblo santo de Dios ha sido constituido sacerdocio real en Cristo. Sin embargo, nuestro gran Sacerdote, Jesucristo, eligió a algunos discípulos para que en la Iglesia desempeñasen, en nombre suyo, el oficio sacerdotal para bien de los hombres.

Él mismo, enviado por el Padre, envió, a su vez, a los Apóstoles por el mundo, para continuar sin interrupción su obra de Maestro, Sacerdote y Pastor por medio de ellos y de los Obispos, sus sucesores. Y los presbíteros son colaboradores de los Obispos, con quienes en unidad de sacerdocio están llamados al servicio del pueblo de Dios.

Estos hermanos, después de pensarlo seriamente, van a ser ordenados al sacerdocio en el Orden de los presbíteros, para hacer las veces de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, por quien la Iglesia, su Cuerpo, se edifica y crece como pueblo de Dios y templo santo.

Al configurarse con Cristo, sumo y eterno Sacerdote, y unirse al sacerdocio de los Obispos, la Ordenación os convertirá en verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento para anunciar el Evangelio, apacentar el pueblo de Dios y celebrar el culto divino, principalmente en el sacrificio del Señor.

A vosotros, queridos hijos, que vais a ser ordenados presbíteros, os incumbirá, en la parte que os corresponde, la función de enseñar en nombre de Cristo, el Maestro. Transmitid a todos la Palabra de Dios que habéis recibido con alegría. Y al meditar en la ley del Señor, procurad creer lo que leéis, enseñar lo que creéis y practicar lo que enseñáis. Que vuestra enseñanza sea alimento para el pueblo de Dios; que vuestra vida sea un estímulo para los discípulos de Cristo, a fin de que con vuestra palabra y vuestro ejemplo se vaya edificando la casa, que es la Iglesia de Dios.

Os corresponderá también la función de santificar en Cristo. Por medio de vuestro ministerio, alcanzará su plenitud el sacrificio espiritual de los fieles, que por vuestras manos, junto con ellos, será ofrecido sobre el altar, unido al sacrificio de Cristo, en celebración incruenta.

Daos cuenta de lo que hacéis e imitad lo que conmemoráis, de tal manera que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, os esforcéis por hacer morir en vosotros el mal y procuréis caminar en una vida nueva.

Al introducir a los hombres en el pueblo de Dios por el Bautismo, al perdonar los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia por el sacramento de la Penitencia, al dar a los enfermos el alivio del óleo santo, al celebrar los ritos sagrados, al ofrecer durante el día la alabanza, la acción de gracias y la súplica no sólo por el pueblo de Dios, sino por el mundo entero, recordad que habéis sido escogidos de entre los hombres y puestos al servicio de ellos en las cosas de Dios.

Realizad, pues, con alegría perenne, en verdadera caridad, el ministerio de Cristo Sacerdote, no buscando vuestro propio interés, sino el de Jesucristo.

Finalmente, al ejercer, en la parte que os corresponde, la función de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos al Obispo y bajo su dirección, esforzaos por reunir a los fieles en una sola familia, de forma que en la unidad del Espíritu Santo, por Cristo, podáis conducirlos al Padre. Tened siempre presente el ejemplo del buen Pastor, que no vino para que le sirvieran, sino para servir, y para buscar y salvar lo que estaba perdido.


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«Cuando Juan Pablo II beatificó a esta capuchina, la denominó la ‘mística del breviario’. En vida, su portentoso dominio de la sagrada Escritura y de la Patrística suscitó ciertos recelos, y tuvo que comparecer ante un tribunal»

Esta religiosa capuchina española cuya existencia discurrió entre Barcelona, Zaragoza y Murcia estuvo agraciada con singulares favores místicos. Nació el 1 de septiembre de 1592 en Barcelona, en el seno de una familia adinerada. Creció sin la presencia y tutela de sus virtuosos padres que perdió prematuramente. Su madre murió antes de que ella cumpliera su primer año de vida. Y cuanto tenía 4, falleció su padre. Arropada por su aya, que la colmó de cariño, Ángela (Jerónima de nombre de pila) no experimentó añoranzas por la ternura de sus progenitores que prácticamente no llegó a saborear.

Era una niña alegre y espontánea. Llevada de esos descuidos propios de la infancia hacia los 7 años estuvo a punto de morir por haber ingerido almendras verdes. Atribuyó su curación a la Virgen María y a la intercesión de la Madre Ángela Serafina, fundadora de las capuchinas. El hecho supuso un punto de inflexión en su vida; marcó el límite de su infancia y le abrió el camino hacia otra etapa de madurez. Es lo que manifestó en su Autobiografía: «Mi niñez no fue sino hasta los siete años: de éstos en adelante fui ya mujer de juicio y no poco advertida, y así sufrida, compuesta, callada y verdadera». Siempre al abrigo de tutores fue formándose humana e intelectualmente. En la adolescencia su prodigiosa memoria comenzó a llamar la atención de los preceptores. Familiarizada con los libros –su padre había estado vinculado al gremio de los libreros y seguramente le habría legado una selecta biblioteca–, tuvo en la lectura una de sus aficiones predilectas, y de manera especial, los textos latinos.

Al final del estío de 1603 ingresó en el convento de las capuchinas de Barcelona donde le había precedido su hermana mayor, Isabel, una de las primeras integrantes del mismo que acababa de constituirse como tal en febrero de ese mismo año. Allí se curtió en la oración y la mortificación, atenta a los rasgos de virtud que apreciaba a su alrededor, bajo la dirección espiritual de un sacerdote aragonés que tenía detrás una importante experiencia eremítica. A su lado comenzó a familiarizarse con la oración y la contemplación. En su trayectoria espiritual encontró ásperos momentos caracterizados por las humillaciones y maltrato concreto de una religiosa atrapada por sus celos que hubiera querido asemejarse a la beata en su delicadeza, elegancia, cualidades para el canto y su gran formación, además de los gestos de virtud que veía en ella.

Todo desaire sirvió a Ángela para crecer en caridad y humildad máxime cuando era consciente del antagonismo que existía entre ambas, sentimiento que le ocasionaba gran aflicción. En un momento dado, por indicación de su confesor se vio privada de los textos latinos bíblicos y litúrgicos que llevó consigo al convento, añadiendo la prohibición de tenerlos como soporte en su día a día, así como de entonar versículos fuera del coro cuando realizaba las labores que tenía encomendadas. Y eso que el breviario era el sustento de su intensísima y singular vida mística: «Me acontece muchas veces que, cantando los salmos, me comunica su Majestad, por efectos interiores, lo propio que voy cantando, de modo que puedo decir con verdad que canto los efectos interiores de mi espíritu y no la composición y versos de los salmos». Como maestra de novicias tampoco se libró del retintín con que algunas de ellas acogían sus enseñanzas. Con oración y penitencia superó todas las tentaciones, incluida la de integrarse en otra Orden donde tuviera libertad para hacer su voluntad: orar y leer textos de espiritualidad. Y creció exponencialmente en su amor a Dios de manera admirable.

En 1614 se trasladó a Zaragoza siendo componente de la primera comunidad que se establecía allí. Y siguió formando a las religiosas con sabiduría y virtud. En 1626 fue designada abadesa, y en 1645 puso en marcha la fundación de Murcia. Desde 1620 percibía gracias sobrenaturales que no cesaron. Por su sorprendente dominio de la Sagrada Escritura, así como de la Patrística, fue sometida a examen en Zaragoza por cinco expertos y en Murcia por un deán y un canónigo impresionados de su capacidad para señalar con exactitud los lugares donde se hallaban las citas escriturarias en lengua latina que le plantearon. A lo largo de su vida saboreó las numerosas gracias místicas que recibió –de las que se sentía indigna y que no pudo impedir aunque le ordenaron que las evitara–, y se afligió en las «ausencias» divinas. Ha sido denominada «mística del breviario».

Fue particularmente devota del Sagrado Corazón de Jesús: «Mi incomparable tesoro, toda mi riqueza, única esperanza cierta de todo lo que espero, claridad y sosiego de mis dudas, aliento de mis ahogos, centro íntimo de mi alma, propiciatorio de oro de mi espíritu…, escuela y cátedra donde leo ciencia y finezas de tu inmensa caridad…». A Él se ofrecía en reparación de las ofensas que recibía. Amó profundamente a la Iglesia. Tuvo como consigna de vida «callar y sufrir, y llevar el peso que las cosas de gobierno traen consigo, como sierva de la casa de Dios». Siendo abadesa consiguió que las religiosas pudieran recibir la comunión diariamente. Actuó de forma admirable en la epidemia de 1648 y en la inundación de 1651 que arrasó por completo el convento. En 1654 regresó junto con el resto de la comunidad, y seis años más tarde comenzó su declive físico con una merma tal de sus facultades mentales que le llevó a renunciar a su cargo; las recuperó en noviembre de 1665 tras un ataque de hemiplejía. Falleció con fama de santidad el 2 de diciembre de ese mismo año. Juan Pablo II la beatificó el 23 de mayo de 1982.

 

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De Juan Carlos Velarde

Después de su llegada a Bangladés, el Papa Francisco ha presidido una Misa con ordenación de presbíteros en el Parque Shurawardy Udyan de Dhaka. Durante la celebración eucarística el Santo Padre dirigiéndose a los nuevos presbíteros reflexionó con ellos sobre el ministerio al que acceden en la Iglesia.

Partiendo de la misión propia del sacerdote les dijo que han de hacer “las veces de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, por quien la Iglesia, su Cuerpo, se edifica y crece como pueblo de Dios y templo santo”. Una vez ordenados sacerdotes les recordó el Papa “se convierten en verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento para anunciar el Evangelio, apacentar el pueblo de Dios y celebrar el culto divino, principalmente en el sacrificio del Señor”.

Destacando la misión concreta de los presbíteros hizo hincapié en la misión del mismo Cristo. En nombre de Cristo, el Maestro, les dijo “Transmitid a todos la Palabra de Dios que habéis recibido con alegría. Y al meditar en la ley del Señor, procurad creer lo que leéis, enseñar lo que creéis y practicar lo que enseñáis”. Recordando la misión sacerdotal de Cristo, les dijo: “Daos cuenta de lo que hacéis e imitad lo que conmemoráis, de tal manera que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, os esforcéis por hacer morir en vosotros el mal y procuréis caminar en una vida nueva”. Finalmente, haciendo mención a Cristo Pastor les recordó: “Al introducir a los hombres en el pueblo de Dios por el Bautismo, al perdonar los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia por el sacramento de la Penitencia, al dar a los enfermos el alivio del óleo santo, al celebrar los ritos sagrados, al ofrecer durante el día la alabanza, la acción de gracias y la súplica no sólo por el pueblo de Dios, sino por el mundo entero, recordad que habéis sido escogidos de entre los hombres y puestos al servicio de ellos en las cosas de Dios”.

Terminó el Papa su homilía recordándoles: “que al ejercer, en la parte que os corresponde, la función de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos al Obispo y bajo su dirección, esforzaos por reunir a los fieles en una sola familia…. Tened siempre presente el ejemplo del buen Pastor, que no vino para que le sirvieran, sino para servir, y para buscar y salvar lo que estaba perdido”.

Texto completo de la homilía del Papa

Santa Misa, Suhrawardy Udyan Park, Dhaka, Viernes, 1 de diciembre de 2017 [Homilía tomada del Ritual de Ordenación de Presbíteros]

Queridos hermanos:

Ahora que estos hijos nuestros van a ser ordenados presbíteros, conviene considerar con atención a qué ministerio acceden en la Iglesia.

Como sabéis, hermanos, el Señor Jesús es el gran Sacerdote del Nuevo Testamento; aunque, en verdad, todo el pueblo santo de Dios ha sido constituido sacerdocio real en Cristo. Sin embargo, nuestro gran Sacerdote, Jesucristo, eligió a algunos discípulos para que en la Iglesia desempeñasen, en nombre suyo, el oficio sacerdotal para bien de los hombres.

Él mismo, enviado por el Padre, envió, a su vez, a los Apóstoles por el mundo, para continuar sin interrupción su obra de Maestro, Sacerdote y Pastor por medio de ellos y de los Obispos, sus sucesores. Y los presbíteros son colaboradores de los Obispos, con quienes en unidad de sacerdocio están llamados al servicio del pueblo de Dios.

Estos hermanos, después de pensarlo seriamente, van a ser ordenados al sacerdocio en el Orden de los presbíteros, para hacer las veces de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, por quien la Iglesia, su Cuerpo, se edifica y crece como pueblo de Dios y templo santo.

Al configurarse con Cristo, sumo y eterno Sacerdote, y unirse al sacerdocio de los Obispos, la Ordenación os convertirá en verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento para anunciar el Evangelio, apacentar el pueblo de Dios y celebrar el culto divino, principalmente en el sacrificio del Señor.

A vosotros, queridos hijos, que vais a ser ordenados presbíteros, os incumbirá, en la parte que os corresponde, la función de enseñar en nombre de Cristo, el Maestro. Transmitid a todos la Palabra de Dios que habéis recibido con alegría. Y al meditar en la ley del Señor, procurad creer lo que leéis, enseñar lo que creéis y practicar lo que enseñáis. Que vuestra enseñanza sea alimento para el pueblo de Dios; que vuestra vida sea un estímulo para los discípulos de Cristo, a fin de que con vuestra palabra y vuestro ejemplo se vaya edificando la casa, que es la Iglesia de Dios.

Os corresponderá también la función de santificar en Cristo. Por medio de vuestro ministerio, alcanzará su plenitud el sacrificio espiritual de los fieles, que por vuestras manos, junto con ellos, será ofrecido sobre el altar, unido al sacrificio de Cristo, en celebración incruenta.

Daos cuenta de lo que hacéis e imitad lo que conmemoráis, de tal manera que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, os esforcéis por hacer morir en vosotros el mal y procuréis caminar en una vida nueva.

Al introducir a los hombres en el pueblo de Dios por el Bautismo, al perdonar los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia por el sacramento de la Penitencia, al dar a los enfermos el alivio del óleo santo, al celebrar los ritos sagrados, al ofrecer durante el día la alabanza, la acción de gracias y la súplica no sólo por el pueblo de Dios, sino por el mundo entero, recordad que habéis sido escogidos de entre los hombres y puestos al servicio de ellos en las cosas de Dios.

Realizad, pues, con alegría perenne, en verdadera caridad, el ministerio de Cristo Sacerdote, no buscando vuestro propio interés, sino el de Jesucristo.

Finalmente, al ejercer, en la parte que os corresponde, la función de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos al Obispo y bajo su dirección, esforzaos por reunir a los fieles en una sola familia, de forma que en la unidad del Espíritu Santo, por Cristo, podáis conducirlos al Padre. Tened siempre presente el ejemplo del buen Pastor, que no vino para que le sirvieran, sino para servir, y para buscar y salvar lo que estaba perdido.


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(ZENIT – 30 Nov. 2017).-  El Santo Padre Francisco  ha elevado  a diócesis  el Vicariato Apostólico de Bluefields  (Nicaragua) y nombrado  obispo de  la misma a Mons. Pablo Schmitz Simon, franciscano capuchino, hasta ahora vicario apostólico de dicha diócesis.

Al mismo tiempo, el Papa ha aprobado la creación de la nueva diócesis de Siuna y nombrado  primer obispo de la neo-erigida  circunscripción a  S.E. Mons.  David Albin Zywiec Sidor, O.F.M. Cap., hasta ahora auxiliar del vicariato apostólico de Bluefields.

La nueva diócesis de Bluefields permanece en la Región Sur, con 9 distritos civiles y será sufragánea  de la Sede Metropolitana de Managua.

La recién establecida diócesis de Siuna (Siunaënsis) se encuentra en la región Norte, al menos al principio, con 11 distritos civiles. La sede será inicialmente la iglesia parroquial de Siuna. La nueva diócesis también será sufragánea  de la archidiócesis de Managua.

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