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Obispo de Hong Kong: Iglesia no compite con Gobierno chino por el poder

Sistema de Información del Vaticano

VATICANO, 04 Jul. 18 (ACI Prensa).-
El Obispo de Hong Kong, Mons. Michael Yeung Ming-cheung, afirmó que en el acercamiento entre el Vaticano y el Gobierno de China, la Iglesia debe tener una buena actitud de diálogo acompañada por la verdad, pronunciándose donde haya injusticias.

En entrevista concedida a ACI Stampa –agencia en italiano del Grupo ACI– el Prelado señaló que “la Iglesia no debe competir con el Partido (Comunista Chino) por el poder y la autoridad en este mundo (…) La Iglesia tiene un papel y creo que la Iglesia debe tener una buena actitud de diálogo, pero al mismo tiempo está llamada a decir la verdad. Debe hablar contra las injusticias sociales cuando estas se den”.

El Prelado se encuentra en Roma para participar en la visita ad limina de los obispos de Hong Kong y Macao. En la entrevista, Mons. Yeung Ming-cheung indicó que siempre les dice a los “oficiales del gobierno que debemos trabajar juntos para hacer las cosas”.  

El Obispo precisó asimismo que “no hay nada que quiera decir contra el Gobierno y no hablo a nombre del Gobierno. La Iglesia tiene un papel muy claro, no compite con él, pero habla cuando hay injusticias”.

“Sabemos que la Santa Sede tiene un diálogo con el Gobierno de Pekín y es normal que haya personas contrarias a ello. Pero nosotros confiamos en el Señor”, agregó.

“Hace 50 años, la puerta entre el Vaticano y Pekín estaba cerrada, ahora estamos luchando por encontrar una apertura muy estrecha, pero no sé realmente adonde llevarán los acuerdos. Creo que Dios nos llevará por el camino justo”.

El Obispo de Hong Kong explicó asimismo que las autoridades suelen dar como mensaje que “no quieren interferencias en el Gobierno de la Iglesia en China continental. Esa es la dirección en la que se orienta la ley sobre oenegés extranjeras que se acaba de aprobar: todo debe ser aprobado por el Gobierno y el Gobierno tiene derecho a saber de dónde proviene el dinero. Esto nos afecta”.

Como ejemplo de esta norma dijo que “si un grupo de católicos de una provincia remota de China necesita fondos para una casa para ancianos y lo pide a Cáritas de Hong Kong, tenemos que estar muy atentos al modo en que enviamos el dinero en China”.

“Nadie tiene la certeza de que este dinero llega a su destino. Y, por otra parte, también el envío de dinero es considerado un problema”, lamentó.

El contexto del diálogo entre China y el Vaticano

Actualmente China y el Vaticano no mantienen relaciones diplomáticas oficiales. Estas se rompieron en 1951, dos años después de la llegada al poder de los comunistas que expulsaron a los clérigos extranjeros.

Desde hace un tiempo ambos estados mantienen un diálogo que debería llevar a un acuerdo para el nombramiento de obispos en China. A principios de este año algunos medios especulaban sobre la posible firma de un tratado, algo que fue desmentido a finales de marzo por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Uno de los principales opositores al acuerdo entre China y el Vaticano es el Cardenal Joseph Zen ze-kiun, Obispo Emérito de Hong Kong, que a finales de enero publicó una carta en la que recordaba que el Vaticano habría solicitado a dos obispos su renuncia para permitir que prelados afines el Gobierno asuman sus cargos.

En su carta, el Purpurado decía también que “el problema no es la renuncia de los obispos legítimos, sino el pedido de hacer espacio para aquellos ilegítimos e incluso excomulgados”.

“¿Creería yo que el Vaticano está vendiendo la Iglesia Católica en China? Sí, definitivamente, si es que van en la dirección en la que están, según lo que han venido haciendo en los últimos años y meses”, cuestionaba el Cardenal de 86 años.

En una reciente entrevista que concedió el Papa Francisco a la agencia Reuters, se refirió al Cardenal Zen, de quien dijo “está un poco temeroso”.

Sin embargo, dijo que “el diálogo es un riesgo, pero prefiero el riesgo a la derrota segura de no dialogar. En lo que respecta a los tiempos, algunos dicen que son los tiempos chinos, pero yo digo que son los tiempos de Dios y seguimos adelante, tranquilos”.

Desde que se rompieron las relaciones diplomáticas entre China y el Vaticano, el país asiático solo ha permitido el culto religioso por medio de la Asociación Patriótica Comunista China, leal al régimen chino que rechaza la autoridad de la Santa Sede en el nombramiento de obispos y en el gobierno de la Iglesia.

Los obispos legítimos que permanecen fieles al Papa viven una situación cercana a la clandestinidad y permanentemente asediados por las autoridades comunistas.

Actualmente, todo obispo reconocido por el Gobierno chino debe ser miembro de la asociación patriótica, y muchos obispos nombrados por el Vaticano que no son reconocidos o aprobados por el régimen han sufrido persecución.

Muchos de los obispos aprobados por el Vaticano en China se acercan a la edad de 75 años, cuando deben presentar su renuncia, y muchos otros han muerto; mientras que la Santa Sede ha nombrado a pocos sucesores.

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