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Jesús presenta la vida plena como una fiesta de bodas en el Evangelio del domingo

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REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz

En realidad en la Biblia las bodas son el desposorio del alma con Dios; del Pueblo entero y de cada uno de nosotros ahora, los bautizados en la Iglesia, que vivimos con Dios una comunión exponsal.

En estas bodas, Dios ofrecerá a todos los pueblos un banquete de manjares suculentos, un banquete de vinos añejados; destruirá la Muerte para siempre y enjugará las lágrimas de todos los rostros, como refiere el Libro de Isaías en la primera lectura.

Pero en la invitación a la bodas de la que Jesús les habla a los fariseos en la parábola, hay un rechazo de los invitados privilegiados, que serían los fariseos y la invitación se extiende entonces a todos; viene ofrecida a todos los que los enviados encuentren en el camino, a los no creyentes, a los buenos y a los malos.

Sin embargo cuando el banquete se encuentra ya repleto de gente, sucede algo que llama la atención no solamente del rey que organiza estas bodas para su hijo, sino también para nosotros que escuchamos, porque uno no es encontrado digno; uno, dice el rey, no tiene el traje de bodas.

Reflexionando sobre tal traje, el Papa Francisco dice que “el traje de bodas es el testimonio de caridad con Dios y con el prójimo”.

 


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