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Transfiguración: encontrar a Jesús para poder servir

Sistema de Información del Vaticano

(ZENIT-Ciudad del Vaticano, 6 de agosto de 2017) – “El acontecimiento de la Transfiguración del Señor nos ofrece un mensaje de esperanza: estaremos también con él. Él nos invita a encontrar a Jesús, para estar al servicio de nuestros hermanos”: el Papa Francisco ha consagrado así su alocución, antes del ángelus de este domingo 6 de agosto de 2017, en la plaza San Pedro, sobre la Transfiguración de Jesús ante sus apóstoles Pedro, Santiago y Juan.

El Papa invita a los bautizados a aprovechar el verano para dar más tiempo al encuentro con Jesús y de su Palabra en la oración lugar de una experiencia análoga a la de los tres apóstoles: “Al término de la experiencia admirable de la Transfiguración, los discípulos descendieron de la montaña (cf. V. 9) con los ojos y el corazón transfigurado por el encuentro con el Señor. Es el recorrido que podemos hacer nosotros también. El descubrimiento siempre vivo de Jesús no es un fin en sí, sino que induce a “descender de la montaña” con un vigor nuevo por la fuerza del Espíritu divino, para decidir dar un nuevo paso de conversión auténtica y para dar testimonio constante de la caridad.

Para esto el Papa indica el camino del desapego de las cosas del mundo y  la oración: “Se trata de disponernos a la escucha atenta y orante de Cristo, Hijo bien amado del Padre, buscando los momentos íntimos de oración que permiten la acogida dócil y gozosa de la Palabra de Dios”.

Esta es nuestra traducción de las palabras pronunciadas por el Papa Francisco antes y después de la oración del ángelus del mediodía, desde la ventana del despacho del Vaticano que da a la plaza San Pedro.

AB/RA

Palabras del Papa antes del ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Este domingo, la liturgia celebra la fiesta de la Transfiguración del Señor. La página evangélica de hoy cuenta que los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan han sido testigos de este acontecimiento extraordinario.

Jesús los toma con él “y los conduce aparte, sobre una alta montaña” (Mt 17,1) y, mientras que él ora, su cara cambia de aspecto, brilla como el sol, y sus vestidos se vuelven blancos como la luz.

Moisés y Elías aparecen, entrando en diálogo con Él. En ese momento, Pedro le dice a Jesús: “¡Señor, es bueno para nosotros estar aquí! Si tú quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías” (v.4). No había terminado aún de hablar cuando una nube luminosa los envuelvió.

El acontecimiento de la Transfiguración del Señor nos ofrece un mensaje de esperanza -estaremos también nosotros con Él-: nos invita a encontrar a Jesús, para estar al servicio de nuestros hermanos.

La ascensión de los discípulos hacía el Monte Tabor nos conduce a reflexionar sobre la importancia de este desapego de las cosas del mundo, para cumplir un camino hacia lo alto y contemplar a Jesús. Se trata de disponernos a la escucha atenta y orante de Cristo, Hijo bien amado del Padre, buscando momentos íntimos de oración que permitan la acogida dócil y gozosa de la Palabra de Dios.

Estamos llamados a descubrir el silencio pacificador y regenerador de la meditación del Evangelio, que conduce a un fin rico en belleza, en esplendor y en alegría.

En esta perspectiva, el tiempo de verano es un momento providencial para crecer en nuestro empeño de búsqueda y de encuentro con el Señor.

En este periodo, los estudiantes están libres de sus compromisos escolares y tantas familias están de vacaciones; es importante que en el periodo de reposo y de despreocupación de las ocupaciones cotidianas, podamos rehacer las fuerzas del cuerpo y del espíritu, profundizando en el camino espiritual.

Al término de la experiencia admirable de la Transfiguración, los discípulos descienden de la montaña (cf. v.9) Los ojos y el corazón transfigurados por el encuentro con el Señor. Es el camino que nosotros podemos hacer también. El descubrimiento cada vez más vivo de Jesús no es un fin en sí, sino que nos induce a “descender de la montaña” revigorizados por la fuerza del Espíritu divino para decidir a dar nuevos pasos  de conversión auténtica y para testimoniar constantemente de la caridad, como ley de nuestra vida cotidiana.

Transformados por la presencia de Cristo y por el ardor de su palabra, seremos el signo concreto del amor vivificante de Dios por todos nuestros hermanos, especialmente por los que sufren, por aquellos que se encuentran en la soledad y en el abandono, por los enfermos y por la multitud de hombres y de mujeres que, en las diferentes partes del mundo, son humillados por la injusticia, el abuso de poder y la violencia.

En la Transfiguración, oímos la voz del Padre celestial que dice: “Este es mi Hijo amado. Escuchadle!” (v.5). Miremos a María, la Virgen de la escucha, siempre dispuesta a acoger y a guardar en su corazón cada palabra de su divino Hijo (cf. Lc 1, 51). Quiere la celeste Madre de Dios ayudarnos a entrar en armonía con la Palabra de Dios, de manera que Cristo se convierta en luz y guía de toda nuestra vida. Confiemosle las vacaciones de todos, para que sean serenas y fecundas, pero sobre todo el verano de los que no pueden hacer vacaciones porque están impedidos por la edad, por razones de salud, por problemas económicos, o por otros problemas, para que sea de todas maneras un tiempo de relajación, entretenido por la presencia de amigos y por  momentos alegres.

Palabras del Papa Francisco después del ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

Os saludo a todos, Romanos y peregrinos de diferentes países: familias, asociaciones, fieles individuales.

Diferentes grupos de adolescentes y de jóvenes están hoy: yo os saludo a todos con una gran afecto!, en particular al grupo de la pastoral de jóvenes de Verona, los jóvenes de Adria, Campodarsego, Offanengo.

Os deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de orar por mí. Buen provecho y adiós.

© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo

 

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