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“Coraje, soy yo, no tengan miedo”, anima Jesús en el Evangelio a sus discípulos

Sistema de Información del Vaticano

REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz

No estamos solos. Como nos dijo el Papa en su tweet del 10 de agosto “Jesús no nos deja solos porque cada uno de nosotros es precioso para Él”.

Sin embargo cuando en la oscuridad de la noche los discípulos lo ven caminando sobre las aguas, al miedo de la noche, al terror de los propios monstruos y demonios interiores, se agrega el temor de estar ante un fantasma. Y se pusieron a gritar: “Es un fantasma”.

Es importante reconocer los propios miedos y temores, aceptar la fragilidad. Porque lo contrario podría ser peor, que nos considerásemos fuertes y capaces de vencer nosotros mismos el mal, sin la fuerza de Dios que es el único que tiene el poder de derrotar al demonio porque es tres veces Santo. Todos nosotros somos pecadores.

Por eso, una vez reconocida nuestra elemental indigencia individual y comunitaria, sabiendo que como en el mar, debajo de nosotros el mal siempre amenaza, nos hace bien tratar de escuchar la voz firme y segura de Jesús: “Coraje, soy yo, no tengan miedo”.

Es lo que sucede seguidamente cuando Pedro le pide a Jesús caminar también él sobre las aguas, empieza a hundirse y tiene que rezar: “Señor, sálvame”. El Evangelio describe que el Señor extendió la mano y aferró el brazo de Pedro, con la potencia extraordinaria de su fuerza omnipotente.

 


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